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¿Eres auténtico?

autentico

La palabra auténtico viene del griego αὐθέντης, authentês (‘autor, perpetrador’) con el sufijo -ικός, -ikós, literalmente ‘del autor’. Hay que entender por la pregunta inicial, ¿es usted su propio autor o una copia de otro? Esta es una pregunta que todos nos hacemos en algún momento. ¿Estamos viviendo como una expresión de nuestra esencia más pura o está siendo interferida por las interferencias externas que obstruyen la canalización de esta energía?
Nuestra imagen personal puede ser como una niebla: avanzamos en la incertidumbre, por lo que es más reconfortante seguir la sombra de otra persona. Es necesario, sobre todo a una edad temprana, tener modelos de conducta, ya sean nuestros padres o las personas influyentes de nuestro tiempo. Sin embargo, si vives toda tu vida copiando a tus predecesores, no podrás salir a buscar tu verdadero yo. Es como hacer paracaidismo sin saltar del avión. Estás seguro en la cabina, sigues la trayectoria del avión, pero no es el propósito permanecer en esa cabina indefinidamente. Por supuesto, puedes observar a los demás, ver cómo saltan y qué trayectoria siguen, pero es inútil intentar vivir como otro. Nunca podrás ser otro, a lo sumo una pálida copia, tan patética como un doble con necesidad de reconocimiento. Nunca empezarás desde el mismo lugar que tus modelos de conducta, así que debes aceptar que el camino de tu vida se separará de ellos en algún momento, para que puedas tomar tu propio camino.
No vivas en la ilusión, creer que puedes seguir los pasos de otro es una intoxicación a la que no debes ceder. Acepta con humildad los peligros que se te presenten, enfréntate a ellos como un león se enfrenta a un cazador furtivo. Los problemas que se presentan en tu camino están ahí para que te encuentres con tu ser superior, acepta el reto y llegarás antes de lo que crees a la sensación de estar en tu lugar donde estás.

# Ser auténtico es también no tratar de ser mejor de lo que eres.

Se dice que el sabio es el que conoce el problema sin haberlo probado. Por desgracia, no todo el mundo tiene esta capacidad: ¿podemos estar realmente convencidos de la realidad de un peligro sin haberlo probado realmente? Esta pregunta es interesante porque nos gusta jugar con el fuego como a un niño, porque su brillo nos atrae. El peligro desempeña el mismo papel, es decir, nos entusiasma por la transgresión que sugiere y las promesas de placer que ofrece. El sabio sólo se mueve por su razón, y esto es lo que le distingue del común de los mortales. La sabiduría no nos es dada, por lo que es inútil tratar de actuar con sabiduría si no somos realmente sabios. Una de las paradojas de la sabiduría es que podemos aprender a ser sabios no siendo sabios al principio: a través de nuestros errores cambiamos. Todos tenemos diferentes predisposiciones a la sabiduría, los que más destacan al final de su vida suelen haber tenido una vida bastante normal de la que han aprendido sus propias lecciones. La sabiduría es un proceso de decantación más que de adquisición deliberada de conocimientos.

# El deseo de agradar y ser simpático a menudo nos roba la oportunidad de ser auténticos

Cuidado con la simpatía sin empatía

¿Cómo podemos ser comprensivos si no somos empáticos? De hecho, no creo que sea posible. La simpatía sin empatía es una fachada, una máscara que mostramos a la gente para ocultar nuestras verdaderas intenciones. Por eso creo que no tiene sentido tratar de ser simpático si no has desarrollado primero tu simpatía. Por supuesto, ser empático no nos hará simpatizar de inmediato, pero es el paso necesario para hacernos verdaderamente simpáticos más adelante.

# Reducción de la identidad

La gente se conforma con un poco, pero si les das demasiado, querrán más. Este principio también se aplica a la identidad. Si colecciona trofeos de identidad, favorecerá el contenedor sobre el contenido. La búsqueda de sentido suele basarse en principios sencillos que se aplican a diario. Ir más allá es más bien un postureo o síndrome de coleccionista.
Somos más que un género, una lengua, una nacionalidad, una religión, una convicción política, una orientación sexual, una profesión, una especie (humana en este caso), una dieta (omnívora o vegetariana, etc.), etc., somos seres de conciencia y reflexión. Al querer pensar demasiado en función de una identidad particular, llegamos a un punto en el que ya no podemos pensar las cosas con neutralidad, ni siquiera con honestidad intelectual, y nos encerramos en una identidad que nos hemos construido o que nos han legado como una carga. El problema de pensar en -ista (budista, nacionalista, socialista, pacifista, etc.) es que nos limitamos a una forma de pensar que construye muros entre nosotros y los demás. Es bueno tener un modelo a seguir, pero es malo hacer de este modelo tu verdad, la verdad que quieres imponer a los demás, a riesgo de carecer de empatía y, en última instancia, ser el producto del condicionamiento. Todos estamos condicionados por los antecedentes y el entorno en el que hemos crecido. Sin embargo, es conveniente que el patrimonio cultural, religioso, etc. de este entorno sea una riqueza abierta, como un puzzle incompleto que se enriquece con el puzzle de otros. El problema es que a menudo ponemos un marco cerrado a este puzzle, pensando que está terminado, porque hemos establecido los límites de lo que somos y finalmente nos hemos cerrado al mundo. Así que cuando encogemos nuestro puzzle, impedimos que otros puedan coger piezas de él, y como resultado ellos también se empobrecen y a veces ellos mismos se ponen barreras. Nuestros excesos de identidad crean una retirada de identidad, al igual que sus excesos de identidad crean nuestra propia retirada de identidad. Todo el mundo levanta entonces sus escudos pensando que ese patrimonio está en peligro ante la cerrazón y la intransigencia de los demás.
Es difícil no desarrollar una identidad rígida porque siempre se nos pide que nos definamos en relación con cosas rígidas cuando podríamos negarnos a hacerlo.

 

 

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