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Utilizar el odio como elemento de reflexión

résilience

El odio, al igual que el miedo, opaca el brillo de una persona. La vida nos enfrenta a las tinieblas del corazón, que no siempre son fáciles de afrontar.
No ser conscientes de este odio que nos «echan en cara» nos lleva a sufrirlo y finalmente a dejar que penetre en nuestra alma. Esta es la trampa a la que a menudo nos vemos abocados: un agente externo trata de avivar nuestras oscuras tendencias para arrastrarnos hacia las profundidades en las que él mismo se encuentra.

Para afrontar con serenidad los peligros de la vida cotidiana, es aconsejable mantener nuestra conciencia despejada para identificar estos elementos perturbadores y evitar que nos perjudiquen. Nuestra mente inconsciente capta las vibraciones emocionales que emanan de los demás a pesar de nuestra voluntad. Además, debemos hacer un trabajo consciente y diario para «lavar» esas malas influencias que oscurecen nuestro horizonte de pensamiento.

Este trabajo de «purificación» de nuestros pensamientos es sobre todo espiritual o filosófico. Ser conscientes de nuestras propias vibraciones energéticas es importante para mantener nuestra tranquilidad psíquica y para proteger a los que nos rodean. Por lo tanto, la benevolencia hacia los demás comienza con la benevolencia hacia uno mismo: si mantenemos pensamientos positivos y pacíficos, éstos influirán positivamente en las personas que conozcamos o con las que entremos en contacto. Del mismo modo, si no estoy atento, y si dejo que el odio o el miedo se instalen en mí, necesariamente «irradiaré» a mi entorno con el riesgo de hacerles daño. Este trabajo de purificación es, pues, personal, pero puede ser guiado.

La formación para mantener altos principios éticos nos empuja a mantener la tranquilidad, tan buscada por nuestros contemporáneos. La solución a todos nuestros males puede estar en el mantenimiento de una base de valores que se exprese en el pensamiento, la palabra y, en última instancia, la acción diaria. Ser capaz de garantizar pensamientos de paz y benevolencia a pesar de las circunstancias es el verdadero reto de nuestra vida.

Aceptar la maldad de los demás como una prueba para hacernos mejores es una postura ambiciosa que no es fácil de mantener. Encontrar el camino positivo en cualquier situación salva la vida, pero también es difícil porque pone a prueba la fuerza de nuestras convicciones.

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