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Tu palabra, tu poder

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La palabra o el verbo tiene energía. Una palabra sincera crea confianza y respetabilidad. Por el contrario, una palabra poco sincera o no apoyada por hechos crea desconfianza y falta de respetabilidad.

Así es como la humanidad ha funcionado durante siglos: una palabra que no sea sincera o que empañe la reputación de otros podría significar la muerte para la persona que la pronunció.

La fuerza del habla o de la voz se encuentra en el origen de algunas palabras contemporáneas. Así, la palabra «vocación» era la voz de Dios dirigida a la gente para seguir un camino religioso. Originalmente, este término tenía sólo una connotación religiosa; sólo más tarde se utilizó para designar la llamada que se sentía para ejercer una profesión. Lo mismo se aplica a la palabra «abogado», de «advocatus» que significa literalmente «el que es llamado» – para ayuda -.

En una sociedad en la que la escritura es cada vez más importante, el habla tiende a perder su valor: sólo se valora verdaderamente lo que se escribe. Hay muchas razones para el predominio de la escritura. Una de ellas es que históricamente, la escritura permitió administrar las regiones conquistadas: cobrar impuestos (tributo) y estandarizar la administración de las tierras anexas. Esto explica en particular el mantenimiento de la vendetta en ciertas regiones de Italia, que se asocia a la idea de un código oral preexistente, en contraposición a la ley escrita que se considera una fuerza exógena y aculturadora.

¿Debemos, sin embargo, ceder a la logorrea? ¿Podemos inspirarnos en nuestros antepasados cercanos y lejanos? ¿Hay una virtud adicional en la práctica de una palabra ahorrativa y veraz?

La palabra es mágica ya que es en sí misma una vibración. Primero el sonido, luego la energía. Como tal, hay una tradición japonesa del arte de gritar: kiaijutsu. 気 , «ki» significa energía interna, el alma, el espíritu o la voluntad y 合 , «ai» significa reunirse, reunir. El grito o la palabra a veces puede galvanizar a los amigos y a veces desarmar al enemigo.

La palabra es la proyección energética de nuestra vibración interna. A menudo, cuando hablamos demasiado, nos agotamos. Puedes electrificar a tus tropas si eres un líder de negocios, puedes dar tono. Sin embargo, debemos saber cómo usarlo inteligentemente. Puede haber en el habla, la captura por otros de nuestra energía interna. A veces no queremos hablar para protegernos, pero las circunstancias nos impiden hacerlo, por ejemplo si tenemos que responder a un cliente enfadado o a alguien con quien tenemos una relación contractual. Nuestra voz se bloquea en la garganta, no podemos hablar con nuestra «barriga», así es como solíamos agotarnos en la palabra según la tradición japonesa.

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