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El poder del ego, el poder de la identidad

Cada vez se nos dice más que es malo tener un ego e incluso una identidad. Si bien esta idea tiene sus raíces en tradiciones filosóficas o espirituales (taoísmo, budismo, etc.), también es obra de movimientos new age que proponen formas de alcanzar la felicidad.
Si bien es cierto que es bastante incapacitante tener un ego sobredimensionado, a veces es beneficioso tener una identidad en determinadas situaciones. Este artículo trata de dar sus cartas de nobleza a algo que está cada vez más desacreditado.

¿Es el ego realmente nuestro enemigo?

El ego, que significa “yo” en latín, se refiere a la representación y la conciencia que tenemos de nosotros mismos. Es intrínsecamente imposible reducir nuestro ego a la nada sin sufrir psiquiátricamente o sin haber llegado a un nivel espiritual último. En la mayoría de los casos, el ego es un mal consejero porque nos lleva a tomar decisiones que sirven para mejorar una falsa representación de lo que somos. Eliminar el ego sería en sí mismo alcanzar nuestra esencia.
El ego a menudo nos engaña. Puede hacer que actuemos de forma impulsiva o injusta, simplemente para servir a nuestra imagen personal.

La identidad puede impedirnos ver las cosas como son

Para aprender, a menudo tenemos que desaprender. Para observar el mundo, lo mejor es prescindir del yo, es decir, situarse únicamente como conciencia observadora y olvidarse de las propias representaciones de uno mismo. Al hacerlo, uno se ahorra las capas de filtro que constituyen nuestra identidad y que nos impiden ver con claridad. En la mayoría de los casos, es mejor no tener filtro y, por tanto, no tener identidad para aprender del mundo. Es olvidándonos de nosotros mismos como podemos aprender más sobre nuestro entorno.

La identidad es un aliado

Nuestra identidad es, sin embargo, una aliada en nuestras acciones, si no nos lleva a una relación conflictiva con el mundo. Imagina que te consideras ante todo un ser humano, y que para ti ser un buen ser humano significa ser solidario, valiente y compasivo. Esta identidad le servirá en la mayoría de los casos para establecer vínculos armoniosos con las personas que conozca o los animales con los que se cruce. Si ser humano no te hace sentir superior a otras especies, es probable que te comportes de la mejor manera posible en tus interacciones con el mundo exterior.

La identidad proporciona un marco

Lo ideal sería prescindir de la identidad para convertirse en un observador puro e interactuar con los demás sin prejuicios. El problema es que, a menudo, sin una disciplina para hacerlo, la ausencia de una identidad puede conducir a una forma de maleabilidad y podemos, de alguna manera, alejarnos debido a nuestra incapacidad para decidir contra un marco de referencia. Vivir con una identidad, por mínima que sea, nos ayuda a actuar en una determinada dirección con coherencia, armonía y disciplina. Por supuesto, podemos revisar de vez en cuando las identidades que nos gustan y las que, en última instancia, nos perjudican, pero al menos actuar a través de la lente de la identidad nos ayuda a ser comprometidos y coherentes.

Ver los vínculos con otras identidades

Lo ideal es tener una identidad basada en un sistema de valores y no en la raza o el género. Cuantas menos identidades mantengamos, más fácil será tomar decisiones. Por otro lado, cuantas más identidades abracemos, más probabilidades tendremos de ser tolerantes y de ver las conexiones entre nosotros y los demás. Es usted quien debe ver cuántas identidades le sirven y cuáles son.

Cómo crear una identidad a tu medida

A la hora de elegir una identidad, es importante pensar en los valores que desea encarnar. Entonces es necesario elegir un nombre o avatar que represente mejor estos valores. Imagina, por ejemplo, que quieres dejar de decir mentiras. Puede decidir leer sobre una persona que admire y que haya destacado en este valor. Entonces, simplemente puedes actuar de acuerdo con ese valor. Es sobre todo a través de tus acciones que consolidarás la identidad que deseas tener. Cada acción coherente será un paso en la dirección de la identidad deseada. Por eso se necesita tiempo para crear una identidad, pero una vez que ésta es fuerte, nos ayuda a mantenernos en el camino correcto. Cuando vas en bicicleta, no necesitas pedalear tanto para mantener el equilibrio.

Al principio, no es necesario decir a los demás qué identidad quieres tener. Concéntrese en sus acciones. Al cabo de un tiempo, será el mundo exterior el que reconozca tu valor e identifique la identidad que has elegido.


No tomes las decisiones correctas, toma las decisiones correctas

No es fácil tomar buenas decisiones, por mucho que sopesemos los pros y los contras, la razón puede interponerse a nuestras emociones. Después de pensarlo lo suficiente, la duda puede persistir. En este caso tenemos dos opciones: actuar aunque no estemos seguros, o abstenernos.

Intuición

La intuición es una fuerza que nos informa de cosas que desconocemos. Puede servir para guiarnos cuando lo hemos experimentado lo suficiente en el pasado. La verdadera intuición rara vez nos engaña, pero hay que reconocerla.

Si hay una duda, no hay duda, ¿de verdad?

Es posible que hayas oído este dicho antes. ¿Qué significa? Significa que si tu intuición tiene una reserva antes de tomar una decisión importante, debes abstenerte de hacer esa elección y seguir adelante. Pero, ¿debe confiar en este consejo? Yo diría que sí y que no. Sí, si abstenerse de hacerlo le protege de un gran peligro o le devuelve a una situación en la que ya ha estado. No, si crees que puedes adquirir una experiencia valiosa aunque al final no se consiga el resultado original.

Elecciones conscientes

Cuando nos falta la capacidad de decidir intuitivamente, siempre nos queda la capacidad de racionalizar la toma de decisiones. Si está dudando entre dos o más opciones, ¿por qué no hace una tabla en la que defina los criterios y pondere cada uno de ellos para asignar una puntuación a cada una de las opciones que está considerando? Por ejemplo, imaginemos dos opciones: estudiar en el extranjero o estudiar en tu país. Ahora considere dos criterios: ahorrar dinero y tener una experiencia gratificante. Supongamos que la experiencia es muy importante para usted y que ahorrar dinero es menos importante. Asignemos el coeficiente 20 al ahorro de dinero y el 30 a tener una experiencia gratificante. Supongamos que ir al extranjero tiene una puntuación de 5 para ahorrar dinero y 9 para proporcionar una experiencia gratificante. La puntuación total sería entonces de 5 x 20 + 9 x 30 = 370. La otra opción tendrá puntuaciones de 8 y 6 respectivamente para una puntuación total de : 8 x 20 + 6 x 30 = 340. Con esta sencilla prueba, la opción de irse al extranjero parece la mejor. Por supuesto, cuantos más criterios haya y mayor sea la diferencia entre las puntuaciones finales, más confianza se puede tener en la certeza de dicha decisión. A menudo se sorprenderá de la diferencia de puntuación que puede obtener a pesar del aparente desenfoque en el que se encontraba inicialmente.

Avanzar como en un campo de batalla

Cuando ya estás comprometido o cuando las recomendaciones anteriores no han sido concluyentes para ti, lo único que tienes que hacer es comportarte como un guerrero que avanza con decisión para hacer buena la elección que has hecho.
La vida a menudo nos ofrece sólo unos pocos puntos de inflexión que nos permiten cambiar nuestro destino. Si faltamos a estas citas con nuestra historia, debemos aceptar este hecho con calma y resolución mientras nos esforzamos por hacerlo lo mejor posible en una situación que nos deja pocas opciones.

A veces nuestra situación no es muy diferente a la de un soldado en tierra de nadie. Su única libertad es avanzar o retroceder. Afrontar el peligro o asumir el deshonor de la deserción o el fuego de nuestro propio campamento.

Somos el fruto de nuestras elecciones

Digamos lo que digamos, queramos o no culpar a los demás, una gran parte de lo que somos es el resultado de nuestras elecciones. Por supuesto, estas elecciones no están libres de influencia, ya sea de nuestro entorno familiar o del lugar donde vivimos. Aun así, has contribuido en gran parte al fin que tienes hoy, al menos si tienes más de 30 años digamos. Dado que las elecciones conforman nuestra vida, nos interesa establecer un sistema que nos permita optimizar nuestras elecciones aceptando un margen de error, necesario para ganar experiencia. Optimizar tus elecciones es, en definitiva, optimizar tu vida.

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