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¿Hay una nobleza animal?

Desde la época de los bestiarios hasta el día de hoy

La Edad Media es un período interesante ya que refleja la coexistencia de diferentes influencias, tanto paganas como cristianas. Una de las manifestaciones de la persistencia de las influencias paganas es la existencia de bestiarios, que en sí mismos constituyen un material historiográfico, si no al menos cultural.

Los bestiarios representaban obras que enumeraban las bestias conocidas de la época, ya fueran reales (lobo, oso, ciervo, etc.) o míticas (unicornio, dragón, etc.). Su propósito, entre otros, era establecer las supuestas características de cada uno de estos animales. Según el término latino, los animales (anima que significa «aire, aliento, alma», pero aquí más exactamente «seres animados») se dividen entre hombres (homo) y bestias (bestia).

Así pues, podemos ver que hay una raíz etimológica inmediata entre las palabras «alma» y «animal» debido al hecho mismo de que los primeros latinos y luego los romanos fueron paganos durante una larga parte de su historia, y su culto evolucionó durante sus anexiones. Así, notamos dos hechos importantes: una helenización del panteón romano tras las conquistas de los mundos griegos y luego una cristianización debido al bautismo de Constantino en el siglo IV d.C. Esta posterior cristianización del Imperio Romano también tuvo el efecto contrario, es decir, una cierta paginación de la religión cristiana, de la cual el bestiario es uno de los ejemplos más evidentes. Muchos libros religiosos son, en efecto, ricos en ilustraciones de animales que atestiguan la influencia de los cultos paganos.

El enfoque animista de la vida silvestre de este período puede resumirse en una frase: los animales tienen un alma, una fuerza, un poder del cual inspirarse. Así, esta imaginación pagana dio lugar a referencias de animales en los escudos de los señores medievales, algunos de los cuales todavía existen hoy en día. Esto explica la presencia de 6 leopardos (dos veces los escudos de Normandía), dos leones y un unicornio en el escudo de Inglaterra. ¿No es el águila todavía un símbolo alemán hoy en día, como lo fue el símbolo del Imperio Romano. Finalmente, ¿no hay en la saga de Harry Potter esta referencia a los bestiarios a través de las cuatro casas de Hogwarts, a saber, Gryffindor, Ouflow, Snake y Slytherin? Cada una de estas casas está representada por un animal que ilustra los rasgos de sus alumnos:

Gryffindor: Valor, audacia y fuerza de espíritu…

Puf: equilibrio, lealtad, consistencia y paciencia

Serdaigle: sabiduría, discernimiento, erudición y curiosidad

Slytherin: Travesura, habilidad y determinación

De paso, observamos que los valores asociados de estas casas tienen sus raíces en la Edad Media y la imaginación popular de la época.

Existe todavía una conciencia animista en el imaginario colectivo, aunque se ha reducido mucho desde la Edad Media bajo el efecto combinado de la cristianización y el cartesianismo (cf. la teoría de las máquinas animales, Discurso sobre el método).

En consecuencia, ¿podemos seguir viendo a los animales como la encarnación de valores como el coraje o la astucia? A fortiori, ¿podemos conferir a los animales cierta nobleza como lo hicieron nuestros antepasados a lo largo de los siglos?

Hay dos cosas a considerar: la virtual desaparición de los animales salvajes de los paisajes modernos y el progreso de la ciencia.

Numerosos estudios científicos han demostrado la existencia de una sensibilidad animal no tan alejada de la sensibilidad humana, llevando el agua al molino de los argumentos vegetarianos o anti-especies. Existe una creciente conciencia de las injusticias que sufren los animales, ya sea que se utilicen en la industria alimentaria (cría) o en experimentos de laboratorio.

Los animales salvajes han perdido parte de su aura debido a su casi extinción. Durante mucho tiempo se habían fascinado porque algunos de ellos podían quitarle la vida a un hombre con una pata, una garra o un mordisco. Este rasgo letal les daba un prestigio que los hacía de alguna manera superiores para algunos al hombre común. La nobleza de la que disfrutaban era un resultado directo del miedo que inspiraban.

La situación contemporánea es bastante diferente, los animales salvajes inspiran en la mayoría de los casos sólo piedad y compasión, así que ¿cómo podemos atribuirles alguna nobleza?

Puede provenir de la rehabilitación anti-especies, que es una especie de igualitarismo que ignora las barreras de la especie. Si creemos que los humanos pueden estar dotados de una especie de nobleza – por su carácter civilizatorio o moral – y que al mismo tiempo reconocemos una igualdad de dignidad y respeto entre las especies – por la existencia de una sensibilidad compartida – entonces es enteramente posible concebir una nobleza animal que sea de hecho la expresión del reconocimiento de una animalidad compartida, volviendo así a las raíces etimológicas latinas (animal = ser animado).

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