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¿Hay una creolización del mundo?

La criollización es un proceso que crea una mezcla cultural de varias culturas en contacto. La criollización es un fenómeno constante que adquiere diferentes dimensiones según la parte del mundo en la que nos encontremos y el momento histórico en el que nos encontremos. Ha encontrado su máxima expresión en el contexto de las sociedades esclavistas, donde poblaciones de diferentes partes del mundo han tenido que convivir y formar una sociedad común. Esencialmente, el término se utiliza para describir las transformaciones de una lengua bajo la influencia de hablantes no nativos.

Si la creolización es un fenómeno constante de la humanidad, ¿es deseable y debe promoverse?

Creolización y lingüística

La globalización actual, sobre todo por su aspecto migratorio, nos expone a otra oleada de creolización cultural y lingüística. La gente adopta una lengua que no es la suya y la transforma porque añade elementos de su lengua de origen. Lo mismo ocurre con la cultura; las personas desarraigadas se apropian de la cultura de su país de acogida de forma imperfecta.

En la creolización se produce necesariamente un fenómeno de deconstrucción (para añadir hay que quitar), de apropiación y de reconstrucción.

La criollización es el símbolo mismo de una cultura desarraigada. La cultura de masas estadounidense está implantada en países alejados de su fuente original.

La criollización a través del prisma americano

Existe una cultura de masas de origen occidental. Esta cultura está arrasando en todo el mundo y está encabezada por la potencia cinematográfica, musical y tecnológica de Estados Unidos. Aunque no estamos asistiendo a una occidentalización del mundo no occidental a través de la modernización, que podría haber sido el vector, sí podemos observar una posible criollización de las culturas a través de las proezas que ofrece la modernidad.

La criollización es un proceso universal

La criollización es un fenómeno natural cuando conviven grupos diferentes. Esencialmente, este fenómeno no se limita a las sociedades multiculturales o multiétnicas. De hecho, como las sociedades no son entidades intrínsecamente homogéneas, hay clases, profesiones y gremios que funcionan de forma un tanto aislada. Cuando se reúnen personas de diferentes grupos, siempre existe la posibilidad de creolización.

Así, en el ámbito de la música, podemos observar que el jazz es, en última instancia, el encuentro de dos culturas: los instrumentos de la música del mundo europeo con la población afroamericana y el ritmo de su música tradicional. Del mismo modo, veremos que la inmigración masiva de campesinos a las ciudades en Europa, tras la industrialización del siglo XIX, fue también una formidable oportunidad para criollizar la cultura de las ciudades. Aunque muchos campesinos se aculturaron hasta negar la herencia de la que procedían, se produjeron innovaciones y trastornos artísticos, culturales y sociológicos. Los bals musettes son un ejemplo. Las clases trabajadoras ya no tenían la misma forma de casarse que en el campo, donde todo estaba más o menos arreglado por las familias. Las guinguetas actuaban como lugares de encuentro para quienes vivían en el anonimato de las ciudades. Estos bailes eran primos lejanos de los bailes de salón de la clase alta, pero todo era diferente: la música, la gente, las bebidas, el ambiente en definitiva. Los bailes de esta población obrera sirvieron de inspiración a los más grandes pintores franceses. Uno no puede evitar pensar en los bailes a lo largo del Sena cuando piensa en los impresionistas.

El yoga es otro ejemplo de creolización. Inicialmente era una práctica espiritual dentro de una tradición holística asiática. A medida que se ha ido extendiendo por Occidente, el yoga se ha convertido en un artículo de consumo como cualquier otro, que se utiliza tanto para relajarse como para parecer guay.

La creolización globalista

Hoy en día, si hay una creolización, es la de la occidentalización (y más concretamente la americanización) a través de la modernidad. En el pasado, los países que querían acceder al progreso europeo tenían que mostrar algún tipo de credencial. Los países tenían que mostrar un verdadero deseo de asimilación cultural, como demuestra la desaparición del fez turco en la época de Atatürk y la adopción de la ropa europea, o los trajes de tres piezas de la corte del emperador Meiji que sustituyeron a los kimonos de seda. Estos signos de adhesión eran sólo relativamente superficiales: los turcos seguían siendo turcos, al igual que los japoneses seguían siendo igualmente japoneses. No obstante, la modernización de sus respectivos países dio lugar a la criollización, como siempre ha ocurrido en otros lugares. ¿Acaso un piloto kamikaze japonés en la Guerra del Pacífico no es el resultado de la extravagante ingeniería aeronáutica occidental con un secular sentido del sacrificio japonés que no se encuentra en ninguna otra parte?

Allí donde la modernidad se entrometió, la criollización fue posible, si se reconoce que fue un fenómeno esencialmente europeo durante el siglo XIX y parte del XX. Hoy en día, las fuentes de innovación son múltiples y ya no son una característica exclusivamente occidental. Por el contrario, el liderazgo en innovación está bien representado en todos los rincones del planeta, con Asia a la cabeza.

Creolizaciones actuales y futuros

Hoy, los gigantes de Silicon Valley nos imponen sus visiones de la sociedad futura. La pérdida de nuestra privacidad a escala mundial es real a escala mundial. Se debe tanto a los modelos de negocio de estas empresas como a la cultura en la que han nacido.

Silicone Valley es la alianza ideológica entre las poblaciones libertarias e idealistas que se asentaron allí y el complejo militar estadounidense que financió las primeras start-ups de la región. Por eso es tan normal que todavía encontremos este espíritu pionero e idealista mezclado con el deseo de seguridad para controlarlo todo.

La futura creolización será impulsada por China

De la misma manera que la hegemonía económica y militar estadounidense ha servido para promover su cultura y sus ideas, el dinamismo económico de China le dará la misma oportunidad de infundir sus valores y su forma de vida en el mundo.

Los elementos civilizatorios de China son diferentes en muchos aspectos del modelo estadounidense. Allí donde Estados Unidos ha defendido el individualismo y el consumismo, China podrá a su vez legitimar el control del Estado sobre su población y la vuelta a los valores familiares, aunque la China actual también se haya sumergido en gran medida en el individualismo preconizado por Occidente y reforzado por la política del hijo único.

La desaparición del individuo

Si el individuo se caracteriza por el control de su vida privada, podemos conjeturar la desaparición del individuo. Todas las innovaciones y tecnologías que están surgiendo están diseñadas para aumentar el control de las empresas sobre los datos personales y «empujar» nuestro comportamiento. La visión desregulada del modelo chino anuncia una nueva era en la que el mundo será igual de individualista, pero el individuo habrá desaparecido porque se le negará su privacidad. El mundo del mañana creará, pues, el hombre individualista no individualizado. Sus datos más íntimos estarán en manos de grandes grupos o gobiernos y potencialmente disponibles para todos. Su identidad se difundirá por la red y quedará a merced del gobierno del país al que pertenezca.

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