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Es más fácil cambiar de pareja que cambiarse a sí mismo

Pareja

La relación de pareja es un desafío, el primero de los cuales es el cuestionamiento de nuestras formas de pensar y actuar. Un compañero pone el dedo en la llaga de lo que se puede mejorar, al menos desde su punto de vista. Esto explica por qué la vida de pareja no es fácil en el día a día. Además, cuando los dos individuos que forman esta pareja están anclados en sus posiciones, la vida puede volverse rápidamente insostenible. Encontrar un alma gemela implica hacer concesiones, dar un paso hacia el otro, mostrar cierta flexibilidad que necesariamente lleva a un cambio personal. El problema es que el otro no siempre está listo para hacer estos pequeños sacrificios, o simplemente el otro no quiere cambiar. Cuando uno forma parte de una dinámica en la que uno hace esfuerzos y el otro permanece inmutable, es inevitable que surja la frustración. A largo plazo, tal relación está condenada al fracaso o a la destrucción moral de quien no aprecie sus esfuerzos. Una de las razones por las que las parejas fracasan es a menudo la falta de flexibilidad de uno de los cónyuges. Por otra parte, cuando la flexibilidad de un cónyuge no es apreciada por el otro, se produce una pérdida de motivación que contribuye a crear rigidez en la persona que inicialmente estaba dispuesta a cambiar.

El cambio es aterrador, pero es inevitable. Una relación debe ser un lugar de desarrollo personal que beneficie a ambos miembros. A largo plazo, si no hay sentido de la evolución, los cónyuges preferirán separarse porque tendrán la impresión de que evolucionan más solos que en esta relación conflictiva.

En la mayoría de los casos, la persona que no es capaz de aportar su flexibilidad a la pareja, simplemente preferirá cambiar de pareja, para encontrar una que esté más cerca de quien es.

Las tensiones en una pareja no deben ser rechazadas porque son una señal de progreso mutuo. Sin embargo, estas tensiones no deben convertirse en la norma y la vida cotidiana no debe convertirse en disputas triviales. Una pareja es un proyecto de dos vías que debe beneficiar a ambas partes. Lo importante es que ambos tienen la misma visión, aunque sus vidas difieran en muchos aspectos. Al final, a largo plazo, si sus objetivos de vida son los mismos, naturalmente se acercarán más y estarán listos para hacer los compromisos necesarios.

Aquí es donde reside el problema cuando se busca otra pareja con rasgos menos conflictivos. No cuestiona algunas de nuestras certezas, pero esta aparente autocomplacencia nos hace olvidar que nuestros planes pueden divergir de muchas maneras. Algunos vienen, por lo tanto, a cambiar una incomodidad temporal (vinculada a la naturaleza conflictiva que es una fuente de evolución) por un futuro divergente. Esto es terrible porque así es como se forman los divorcios: nos dejamos llevar por las ilusiones y seducir por las palabras empalagosas porque no vienen a cuestionarnos, abandonando así un futuro radiante.

Una pareja es como un startup, los socios tienen que ser capaces de escuchar los reproches y ser capaces de cambiar ciertas cosas en lugar de ser consolados por una forma de adulación. Sin esto, tal empresa está condenada al fracaso, y lo mismo ocurre con la pareja.

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