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El amor que construimos vale más que el que encontramos

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Las ventajas del efecto Ikea

¿Por qué las parejas de hoy no duran tanto como las de la época de nuestros padres o, peor aún, las de nuestros abuelos?
La primera razón es que no somos necesariamente más exigentes. La dependencia material de las mujeres debe haber sido, por desgracia, un motivo en muchos casos. Dicho esto, hay otro elemento que podría llamarse efecto posesión o efecto Ikea. Cuando entramos en una relación hoy en día, somos un poco más maduros que antes, nos encontramos con una edad más avanzada. Buscamos personas que sean maduras, es como ir a una tienda y comprar el mueble perfecto para el salón. El vendedor te lo entrega y te gusta durante un tiempo. Pero un día decides rehacer las paredes o cambiar el papel pintado y de repente te das cuenta de que ese mueble ya no encaja con la nueva decoración. Lo cambias fácilmente porque no estás tan apegado a él. Seguro que has vivido buenos momentos con este mueble, pero todo lo bueno se acaba, te dices, y por eso no te cuesta mucho deshacerte de él.

Ahora imagina que en lugar de comprar un mueble que ya está montado, eres tú quien tiene que hacer esta tarea. Recoges una caja con todas las piezas del mueble y, tras unas horas de paciencia e ingenio, consigues finalizar el montaje. Estás orgulloso de ti mismo, ahora consideras este objeto como una especie de obra en la que has participado. Bueno, ese es el efecto Ikea, has invertido tiempo, energía y creatividad en dar forma a un objeto. Ahora lo valorarás más que cualquier otro objeto que se parezca.

Este efecto explica la longevidad de las parejas en generaciones anteriores: cada uno era una especie de mentor del otro. La gente evolucionó con el tiempo y se enorgulleció de la persona que había ayudado a formar. Al haber engendrado de alguna manera a otra persona, el apego es mayor porque ya no es sólo una relación de pareja, sino que también tiene una dimensión paternal o maternal. Un padre no abandona a un hijo que ha visto crecer ante sus ojos.

Hoy, las cosas son muy diferentes, somos electrones libres buscando el objeto perfecto de satisfacción, ignorando a menudo la influencia mutua que podríamos tener en esta pareja. Hay una especie de transición de una mentalidad artesanal en la que la gente fabrica sus propios objetos a una era industrial de consumo masivo. La profusión crea un sinfín de opciones para acompañar los cambios individuales. Una persona A en un momento t de una persona B mientras que en un momento t+delta necesitará una persona C. Esta incapacidad de hacer de la pareja el lugar de una evolución recíproca teniendo en cuenta las aspiraciones personales parece ser una de las razones de la corta longevidad de las relaciones actuales.

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