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Para cambiar las cosas, primero hay que aceptarlas

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La paradoja del activismo

Hay algunas causas que nos preocupan quizás porque nos conciernen directamente. Hay otros que abrazamos simplemente por empatía o por el deseo de hacer algo por alguien que conocemos. Hay muchas injusticias, pero hay un paso importante para actuar, y es aceptar los hechos, casi con frialdad.

La observación que se puede hacer de las injusticias que sufre un grupo es necesaria para preparar una estrategia de ataque para combatirlas. Sin este primer nivel, uno puede quedarse lamentando pasivamente la difícil situación, sin poder cambiar realmente las cosas. La contestación es una estrategia posible de emplear, pero sigue a un análisis lúcido de la situación.

Cuando empieces a aceptar la realidad tal y como es, podrás hacer planes para cambiarla. Es como enfrentarse a un ejército enemigo y tu única reacción es protestar contra su presencia. Al hacerlo, es poco probable que gane la batalla que va a librar. Es lo mismo que enviar exploradores para que informen de la situación e identifiquen los movimientos y posiciones del enemigo. Cuando tienes un mapa más preciso de tu oponente, aumentas la probabilidad de enrutarlo. La inteligencia es una parte esencial de la guerra, sin el conocimiento del terreno y del enemigo, la victoria es más que incierta.

Una vez que tengas un mapa más preciso del ejército enemigo, podrás ponerlo en perspectiva con los recursos que tienes para derrotarlo. En el activismo, esto se reduce a la elección de la mejor estrategia a utilizar para vencer, puede ser una ruta violenta o no violenta, entonces hay cientos, si no miles, de tácticas a implementar en cada una de estas categorías:
– guerrilla, cuando la balanza de poder está demasiado en contra tuya
– satyagraha («fuerza de la verdad», resistencia no violenta)
– demostración
– huelga
– cultura de la anulación
– boicot
– uso del arte para popularizar una causa
etc.

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