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Cuidado con el que te susurra al oído

chuchoter

Somos tan fuertes como las ideas que nos gobiernan. Las personas que nos rodean pueden ser un muro contra las embestidas de un mundo que puede ser hostil, o un caballo de Troya que sabotea los esfuerzos realizados sin decir una palabra, fuera de la vista durante meses.

Esta voz que permitimos que se entrometa en lo más profundo de nuestro ser puede causar estragos. Puede sembrar la duda, la discordia, la parálisis e incluso la destrucción. No es bueno escuchar ningún discurso, porque pueden emanar miedo o ignorancia y trabajar activamente para difundirlos.

Nuestros ojos, oídos y boca son preciosos. Debemos utilizarlos con moderación, comprendiendo que si nos entregamos a la logorrea o si tensamos los oídos o dirigimos la mirada a todo, corremos el riesgo de perder de vista lo esencial, aquello a lo que nuestro ser aspiraba inicialmente.

Cuando la duda nos invade, debemos saber combatirla escarbando en nuestro interior. Es cierto que podemos encontrar ayuda en los amigos, pero su número debe contarse con los dedos de una mano porque es arriesgado revelar nuestros miedos más profundos a malos consejeros. A menudo crees que estás rodeado de gente amable, cuando en realidad pueden disfrazar su envidia, malicia y deseo de venganza bajo una apariencia amistosa e inofensiva. Si tiene que confiar en alguien, asegúrese de que ya tiene autoridad o credibilidad en el ámbito en el que le asesora. Además, su buena voluntad debe ser confirmada por las acciones pasadas y la calidad de la relación que has creado con ellos.

De todas las batallas, a menudo es mejor luchar a solas con Dios. Si eres creyente, céntrate en el diálogo con Dios a través de la oración. Lo mejor es poner luz en nuestros corazones y mentes donde antes dominaba la duda.

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