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Confundir la palabra con el hecho

verbe

Vivir en la ilusión del logro

En un mundo estático en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo sentados en una cómoda silla, asiento o sillón, ya sea trabajando, teletrabajando, desplazándose o comprando por Internet, parece que hemos olvidado lo que implica moverse y su conexión con la acción.
Nuestros dedos pulsando el teclado del ordenador o la silicona de nuestros smartphones han sustituido a todo nuestro cuerpo. Antes, para actuar, teníamos que ponernos de pie, caminar, pensar y utilizar los brazos y las manos. Hoy, todo se resume en las puntas de nuestras falanges. Podemos decir en sí que se trata de una mutación antropológica de primer orden. El paso de cuadrúpedo a bípedo tardó millones de años, mientras que el paso de bípedo a encorvado en un sofá o cualquier cosa que permita estar más o menos sentado, tardó menos de 50 años.

¿Cuál es el problema que plantea esta transformación?

Es que hemos disociado el verbo de la acción, e incluso el verbo ha sustituido a la acción. Hoy en día, un post, una historia, un tweet, un vlog valen, o al menos, se equiparan a una acción concreta.
Internet nos da la ilusión de la acción. Este desahogo al aire libre permite la mayor distracción: mientras actuamos catárticamente, ya no tenemos el control del mundo real.
El mundo virtual es un gran desahogo en el que las multitudes acuden para dar rienda suelta a todo tipo de pasiones, y luego se van a dormir sabiamente por la noche.
Por supuesto, Internet, aunque distraiga a sus usuarios de la acción real, les permite adquirir una contracultura que en realidad parece haberse convertido en la cultura dominante. Las mentes están cambiando, pero las manifestaciones concretas están luchando por tomar forma para una parte importante de sus usuarios.
Para algunos, y quizás para una mayoría, Internet es una liberación que nos permite soportar la vida y finalmente no intentar cambiar las cosas. Es una válvula necesaria para la sociedad que permite que la ira se limite a lo virtual y que la protesta adopte formas quiméricas.
Internet es el reino de las palabras para la mayoría de nosotros, pero para otros puede ser un trampolín hacia la acción encarnada. Para poder hacerlo, hay que haber mantenido siempre un pie en el mundo real, ya sea a través del trabajo o de cualquier otra dimensión de la vida, de lo contrario, es lo virtual lo que nos adentra en sus profundidades con el riesgo de no poder volver nunca.

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