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Abrir nuestras perspectivas aceptando la idea de estar equivocados

Nuestro ego está formado para que veamos el mundo desde nuestra única perspectiva. Vivimos con la íntima convicción de que la verdad está de nuestra parte por el simple hecho de experimentar una realidad a través del filtro de nuestra subjetividad. ¿Cómo podemos cambiar nuestra forma de pensar para acceder a la verdad de los demás?

La verdad podría definirse como la suma de las verdades colectivas de las que se restan las mentiras individuales. Así, cada uno de nosotros sostiene sólo una parte de la verdad, es decir, que un porcentaje X de lo que pensamos es cierto, mientras que un porcentaje Y es simplemente erróneo. Para aumentar el valor de X, debemos ser capaces de deshacernos de la cantidad de Y. El problema es que no sabemos por definición cuáles son los pensamientos erróneos de los pensamientos correctos que tenemos.
Para llevar a cabo una purga constante con el fin de aumentar X, debemos cuestionar todo lo que pensamos de manera que nuestras ideas pasen de alguna manera por un tamiz. Para ello, tenemos que imaginarnos que estamos equivocados y ponernos en el punto de vista de nuestros adversarios. ¿Cómo ven el mundo? ¿Qué podría darles la razón?
Tenemos que ponernos en su lugar de tal manera que parezcamos ajenos a nosotros mismos y nos observemos desde un punto de vista externo. Este ejercicio es desagradable porque es incómodo equivocarse.
Sin embargo, este ejercicio es esencial porque nos hace conscientes de las cosas comunes que persisten a pesar de haber cambiado de piel.
Dado que la verdad es lo que queda después de deshacernos de los apegos egoístas, este ejercicio de extrospección es realmente muy útil para deshacerse de los conceptos erróneos que abarrotan nuestra mente. Cuanto más repitamos este ejercicio, más nos daremos cuenta de que la verdad finalmente podría caber en un pañuelo y que es lo que nos une a todos.

Como ejemplo, veamos esta situación, la de alguien que piensa que comer carne es un derecho y que las personas que denuncian los males de la ganadería intensiva son extremistas. ¿Qué pasaría si este individuo hiciera el esfuerzo de ponerse, aunque fuera por un momento, en el lugar de un cerdito? Por supuesto, para él sería inimaginable porque se cree superior a las demás especies y ha crecido en una sociedad en la que domina el dogma del antropocentrismo. Si hiciera el esfuerzo de imaginarse a sí mismo en el lugar de un animal de granja y de proyectarse con su cerebro humano en esas vidas enjauladas, pronto se daría cuenta de que algo va mal. Inmediatamente vería la injusticia en los ojos de la víctima y ya no en los de la persona que se beneficia directamente de esta injusticia al comer su carne.

Esta capacidad de ponernos en el lugar de otros seres es lo mejor que tenemos a nuestra disposición para deshacernos de creencias erróneas que causan daño a los demás. Así, para comprender el mundo que nos rodea, es necesario abrir los ojos y el corazón al sufrimiento de los demás y así vislumbrar mejor la luz de la verdad.

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