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Surfear las buenas olas de la vida

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A veces nuestra intuición es nuestro activo más valioso a la hora de tomar una decisión. El aparente caos, o al menos las convulsiones que presenciamos, dejan poco espacio para la claridad. Esta confusión paraliza nuestra capacidad de decisión, lo que nos convierte en algo pasivo, o al menos no del todo. De hecho, no tomar una decisión es una decisión en sí misma. El problema es que la interminable repetición de esta evasión de la toma de decisiones nos obliga a adherirnos al statu quo por defecto. Entonces, ¿cómo sabemos que hemos tomado las decisiones correctas si seguimos evitando tomarlas?

Podemos volver a conectar con nuestra sabiduría interior, que puede servir de guía en tiempos de crisis. La intuición, como se denomina, es como la tabla de un surfista que se inclina cuando pasan las olas. Sabe cuándo necesitamos impulsarnos para poder deslizarnos sobre la ola y cuándo debemos abstenernos de hacerlo. La vida es una sucesión de olas que nos arrastran, pero debemos identificarlas como tales y reconocer cuándo soltar las que no nos llevarán a ninguna parte. No puedes surfear todas las olas del océano. A veces la mejor sabiduría es la paciencia, la espera de una ola mejor. Sin embargo, hay que saber ir a por ello, aceptar que los errores pueden formar parte del plan. Cómo puedes saber cómo surfear si no cometes el error de «coger una ola» cuando tu impulso o tu posicionamiento no eran perfectos. Hay que salir de la búsqueda de la decisión absolutamente correcta. Básicamente, no tenemos que hacer la elección, tenemos que hacer nuestra elección bien.

Tanto si eres principiante como si tienes experiencia en la disciplina, el surf requiere que te arriesgues a perderte. A veces nuestra intuición nos juega una mala pasada. Las malas decisiones que podemos tomar nunca son del todo malas: nos enseñan lecciones que nos ayudarán a surfear mejor la siguiente ola de la vida. Por supuesto, podemos aprender de los demás, podemos seguir siendo espectadores. Sin embargo, no podemos surfear contemplando a los demás mientras dejamos pasar las olas. Nuestra vida no se vive de forma vicaria, debe plasmarse tanto en nuestras buenas decisiones como en nuestros errores.

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