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Superar el ego para descubrir el yo

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Nuestro ser, llamado yo, es según Carl Jung lo que corresponde a nuestra verdadera naturaleza. Es un conjunto consciente (ego) e inconsciente. Conquistar el yo es hacer consciente la parte inconsciente a través de un proceso llamado individuación. El ego es la percepción que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo, es sólo una pequeña parte de nuestra esencia. Cuanto más inseguros estamos, más rígido se vuelve nuestro ego y más impermeables se vuelven sus contornos, de modo que ya no somos capaces de tomar conciencia de la parte consciente de nuestro ser.

Por eso, para descubrir nuestra naturaleza, es necesario sentirse cómodo con cierta vulnerabilidad para que nuestro ego baje la guardia. Cuando trabajamos para hacer que nuestro ego sea permeable, puede escuchar los ecos emitidos en las profundidades de nuestro inconsciente. Superar el ego es recibir el yo como recompensa.
Hay mil maneras de destruir la cáscara del ego para hacerla porosa. La primera es simplemente vivir. La existencia es, por fin, la escuela más hermosa para volverse humilde. Sus tumultos y su resaca vienen a desollar cada vez más nuestra creencia para perforar nuestra verdadera esencia. Para escapar de sus lecciones, tendríamos que vivir deliberadamente enclaustrados o encaramados en nuestra torre de marfil.
Si, por el contrario, nuestro ego resiste los asaltos de un entorno conciliador o incluso complaciente, no podremos resistir durante mucho tiempo el juicio que nos ofrece nuestro reflejo en el espejo. Podemos engañar al mundo, pero es más difícil engañarnos a nosotros mismos. Siempre hay una vocecita que resuena en nuestros oídos, aunque hagamos lo posible por ignorarla.
Por último, si no hemos conseguido superar nuestro ego tras el enfrentamiento con estos dos adversarios, puede ser que prefiramos vivir en la mentira o en la ignorancia, en cuyo caso nuestra felicidad sigue siendo frágil porque en cualquier momento puede estallar la verdad.

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