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Sé abundante en lugar de dominante

abondant

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Debemos tener cuidado de vivir según una forma de pensar dualista, ya que impide los matices y puede obstaculizar nuestro desarrollo durante muchos años. Hay por supuesto influencias filosóficas y religiosas en el pensamiento dualista, sin embargo interesémonos en este díptico «ganador / perdedor» que nos llega más a menudo desde el otro lado del Atlántico.
La noción de ganador y perdedor nació en una sociedad – americana – que se enfrenta a fuertes desigualdades sociales, con la idea de que los que triunfan son los que presentan cualidades de dominación – en su mayoría masculinas – como la agresividad, la autoafirmación, la propensión al conflicto, etc. Esta idea ha sido amplificada por las investigaciones realizadas por primatólogos que han observado el funcionamiento de grupos de gorilas dominados por machos alfa. Frente a estos descubrimientos, se encontró un paralelo inmediato entre las sociedades humanas y las de los primates, haciéndonos olvidar de paso que el hombre no es sólo un primate…

El deseo de éxito social y una cierta ignorancia llevan a millones de personas a imitar literalmente los rasgos supuestamente alfa. Esta visión puede ser muy atractiva en la adolescencia porque es una edad en la que tememos la exclusión por encima de todo.

¿Por qué es dañina la ideología de ganador-perdedor?

En primer lugar, porque llega a rechazar nuestra propia humanidad a través de la ignorancia de los mecanismos humanos y sociales.

Por lo tanto, en la lógica de este pensamiento, sería apropiado rechazar la bondad, la generosidad, el sacrificio, etc. En efecto, esta ideología se basa en la noción de ganancia y beneficio: si doy, pierdo, es el otro quien gana.

Hay una ignorancia porque dar no es una transacción, es el fruto una emanación. Se da porque se ha alcanzado un nivel de bienestar suficiente para encontrarse en un cierto estado de abundancia. Por el contrario, el que cuenta sus menores actos de generosidad está en un estado de escasez, dar es peligroso. Por supuesto, es porque la gente abusa de nuestra bondad que llegamos a despreciar este valor.

En muchos lugares, otros son tóxicos y no pueden evitar «robar» nuestra energía, etc. Por supuesto, debemos protegernos de las personas que no pueden conseguir estar en un estado de abundancia y que se convierten en depredadores. Sin embargo, no debemos darles más importancia que eso, a riesgo de olvidar que somos los dueños de nuestra propia energía y que podemos «recargar nuestras baterías» nosotros mismos siempre y cuando le dediquemos algún tiempo cada día. Tener una vida espiritual y filosófica nos ayuda a superar la visión marchita de la vida propuesta por la ideología ganador-perdedor. Sin embargo, si abandonamos nuestra rutina espiritual diaria, esta ideología se convierte en nuestro único salvavidas en un mar de tiburones, mientras que la meditación o la oración nos permite volar sobre los mares como un albatros.

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