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Juzgamos una doctrina por sus frutos

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Podemos estar perplejos y dudosos, ¿estamos siguiendo el camino correcto? ¿Estamos yendo en una dirección en la que estamos realmente seguros? Esto ocurre cuando no vemos claramente nuestros valores. Cuando se quiere tomar una decisión, hay que hacerlo de acuerdo con los valores fundamentales. El problema es que nuestro día a día puede desviarnos de ello. Carecemos de los rituales que podrían ayudarnos a afirmar nuestros valores en nuestra rutina. A veces, puede que simplemente no estemos convencidos de los valores que debemos defender.

Cuando se produce tal cuestión, es importante recordarnos hacia dónde queremos dirigirnos. Creer en algo tiene consecuencias, ¿quién más comparte la misma creencia que yo? Preferiblemente, es importante tener en cuenta varios modelos de conducta que podríamos seguir. ¿Qué tipo de caminos viven? ¿En qué sentido estoy dispuesto a pagar el mismo precio que ellos para vivir el mismo tipo de vida? ¿Qué sacrificios han hecho para llegar a donde están? ¿Qué hábitos tienen en común? Una vez que pueda responder a todas estas preguntas, podrá estar más seguro de sus creencias, ya que compartir las mismas creencias y valores traerá el mismo resultado a largo plazo, es sólo cuestión de tiempo. Un pensamiento es una semilla para la acción, y en última instancia un destino. Por eso es realmente esencial pensarlo dos veces cuando se trata de la doctrina que queremos abrazar. Si somos negligentes, podemos vivir una vida de desgracia.

Cada vieja doctrina o conjunto de creencias sacó a la luz sus consecuencias a los ojos de los demás. El problema con algunas nuevas corrientes de pensamiento es que no han mostrado sus beneficios al mundo por falta de un paso atrás. Por lo tanto, debemos ser muy cautelosos o incluso escépticos cuando se trata de creencias recién nacidas, por ejemplo, el consumismo en el que la gente finalmente se siente insatisfecha y frustrada.

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