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No confundas los prejuicios con la intuición

Todos nos enorgullecemos un día de haber sido capaces de burlar las trampas que nos han tendido. Este orgullo se basa en nuestra intuición, que creemos omnisciente. Pero, ¿estamos realmente seguros de que se trata de una intuición? ¿No nos hemos dejado engañar simplemente por prejuicios que hemos disfrazado de intuición? Veamos qué distingue a los prejuicios de la intuición. Veamos cómo podemos protegernos de ellos.

Los prejuicios nos comunican ideas negativas

Aunque el miedo está íntimamente ligado al cuerpo, no deja de ser un mecanismo que se origina en la parte arcaica del cerebro. Aunque el miedo es necesario para la supervivencia, cuando domina nuestra existencia, empezamos a comportarnos como un superviviente en lugar de como un individuo vivo.

La intuición mejora con el tiempo

Lo que observamos es que la intuición es una característica de las personas sabias. Han conseguido adquirir experiencia y han aplicado la reflexión a la misma para convertirse en sabiduría. La intuición se caracteriza por una forma de pensar bastante abierta y positiva.

Los prejuicios son culturales, la intuición es íntima

Lo que la sociedad nos enseña es a no mirar siempre a los demás de forma benévola. Las relaciones humanas a escala macroscópica (la geopolítica en particular) hacen que las naciones puedan oponerse entre sí. Esta oposición genera fricciones que pueden traducirse en resentimiento contra las personas que componen esa nación. Para progresar, debemos dejar de ver la vida sólo a través de los juicios que nos han hecho y que hemos asimilado. Los prejuicios no son algo que desarrollemos nosotros mismos, sino algo que heredamos de nuestra cultura y nuestro entorno.

La intuición implica necesariamente pensar con el estómago

Los prejuicios son un proceso mental, lo que significa que vemos el mundo que nos rodea a través de las etiquetas y los filtros que nos han enseñado. Normalmente, esto significa que vemos el mundo a través de unas gafas tintadas que nos impiden ver con claridad. En cambio, la intuición emana de todo nuestro cuerpo. Es lo que se nos comunica a través de nuestro intestino y de todas las partículas de nuestro cuerpo que recogen información inconsciente e invisible. Al final, escuchar tu intuición no es ni más ni menos que tener una segunda fuente de información que no es tu cerebro. Es tomar una decisión con más datos.

Tener prejuicios no nos hace grandes

Si el prejuicio nos permite evitar ciertos problemas, ya que puede ser eficaz: al discriminar por defecto, a veces podemos tomar buenas decisiones. El problema es que no nos permite tomar decisiones caso por caso y basamos nuestras elecciones en criterios totalmente arbitrarios, lo que nos impide actuar con justicia, integridad y compasión. Por supuesto, si desconocemos totalmente una situación determinada, es preferible protegerse por defecto y no confiar en el primero que aparezca. Esta actitud puede ser deseable en casos particulares (cuando se viaja solo al fin del mundo, por ejemplo) al principio, pero es relativamente incapacitante a largo plazo. Si no puedes confiar en tu intuición porque te aferras a tus prejuicios, es poco probable que avances en tus relaciones o en tu vida personal.

Superar los prejuicios

Los prejuicios son una manifestación de nuestro intelecto, mientras que la intuición es un proceso que parte del cuerpo y los sentidos. Para desarrollar la intuición, hay que abandonar los pensamientos que corren en bucle en nuestra mente y confiar en las actividades que dan más peso al cuerpo. Hay mil maneras de estimular tu intuición. Se puede hacer deporte, yoga, senderismo, etc. Todas estas actividades ayudan a crear una cierta sensación de equilibrio. Todas estas actividades ayudan a crear un cierto silencio en nuestra mente. Al emanciparnos del bullicio cotidiano, podemos desarrollar nuestra intuición con serenidad.

Armonía de cuerpo y mente

En última instancia, es sincronizando nuestro cuerpo y nuestra mente como mejor podemos tomar decisiones sabias que vayan más allá de las apariencias y que simplemente no estén llenas de miedo. Los prejuicios se desarrollan para hacer frente a situaciones de miedo en las que no tenemos una forma segura de tomar decisiones. Es porque tenemos miedo de tomar malas decisiones que puedan afectar a nuestra seguridad o integridad que desarrollamos «sistemas» de pensamiento automático comúnmente denominados prejuicios. Una vez que conocemos mejor una situación, somos capaces de tomar decisiones que no se basan en el miedo a lo desconocido.

Para progresar, hay que asustarse un poco cada día

El progreso es posible si hacemos retroceder los límites de nuestros miedos. Esto nos permite ganar confianza y conocimiento. Estos dos elementos actúan como las dos frases de un coche que avanza en la oscuridad. Gracias a ellos podemos avanzar a gran velocidad sin temor a atropellar a un animal salvaje que se cruce de repente en la carretera. Para mejorar cada día, tienes que hacer algo que consideres difícil, o tienes que hacer algo que te asuste un poco. De este modo, nos armamos de cualidades esenciales para actuar de forma más intuitiva.

En resumen:

Hay que distinguir entre prejuicio e intuición. Los prejuicios se basan en suposiciones negativas que nos impiden actuar con discernimiento.
Hay una forma sencilla de erradicar los prejuicios, y es desarrollar la propia intuición. Para ello, tienes que dar a tu cuerpo más oportunidades de participar en la toma de decisiones. Alejarse de las cosas que nos asustan y realizar actividades que requieren una mayor comunión del cuerpo con la mente nos permite ser más intuitivos.

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