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¿Es necesaria la pereza para el progreso?

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Estar constantemente ocupado es una forma de vida a la que es fácil sucumbir. Estar sobrecargados nos da la ilusión de que nuestra vida tiene sentido, al tiempo que refleja una imagen que se ajusta a las expectativas sociales: estar ocupado es estar plenamente integrado en el tejido económico. ¿Y si este paradigma está equivocado? ¿Y si pensar así es un error? ¿Y si la pereza es un elemento fundamental del progreso?

Vivir con la mente constantemente ocupada nos impide ver lejos. Es como si avanzáramos en medio de la niebla, prestando atención sólo a los pocos metros de claridad que tenemos por delante. No sabríamos muy bien si vamos en la dirección correcta. La pereza es otro tipo de esfuerzo: hoy es mucho más difícil despejarse que tener ideas obsesivas. Nuestras ideas nos aprisionan y ponen un velo entre nosotros y el mundo exterior y, finalmente, incluso entre nosotros mismos. Nuestra incapacidad para despejar la cabeza puede incluso convertirse en un trastorno grave que a veces se denomina burnout, o agotamiento mental. La incapacidad de recargar viene de una forma de culpa que se destila insidiosamente en nuestras sociedades. Aunque el ocio es una industria en sí misma, incluso durante nuestros periodos de descanso tenemos que proyectar la imagen de estar activos.

La pereza está mal vista porque es, sobre todo, incomprendida. Para entender las cosas con profundidad y claridad se requiere tranquilidad y reposo, como el agua turbia que se aclara cuando deja de ser agitada. Hay varios grados de trabajo que se pueden abordar en la vida: el primero es la ejecución de la obra en sí, el otro, más profundo, es la planificación, mejora y posible creación de esa misma obra. Para que haya optimización, tienes que aceptar alternar entre estas dos fases, lo que implica dedicar conscientemente tiempo en tu agenda para hacer cosas que no están directamente relacionadas con tu trabajo. Es cuando somos «improductivos», que descansamos, que meditamos, que leemos, que experimentamos cosas nuevas que podemos alcanzar nuevos grados de realización. Hay que saber librarse de la tentación de parecer siempre productivo y ver en la aparente inacción una cierta sabiduría.

La pereza debe ser una parte integral de nuestra vida si sabemos devolverle sus cartas de nobleza no confundiéndola con la hiperactividad recreativa (atracones, etc.) que es otra forma de mantener el cerebro en hiperactividad.

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