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En esencia, es difícil ser totalmente uno mismo en una sociedad

El contexto profesional nos obliga a llevar una máscara y luego, cuando estamos con nuestra familia, llevamos otra, hasta que nos quitamos todas estas máscaras para irnos a la cama. La sociedad es un juego de rol a gran escala, los que triunfan han entendido las reglas y destacan en el uso de sucesivas máscaras. Pero para la mayoría de nosotros no es fácil compaginar estas diversas identidades. Nos gustaría ser un poco más sinceros en el trabajo, hacer lo que nos gusta, pero no es fácil cuando sabemos que nuestros valores están en contradicción con los de la empresa que nos contrata.

Haz lo que te gusta o que te guste lo que haces

En nuestra vida cotidiana, a menudo nos encontramos atrapados en rutinas que a menudo nos conducen a la insatisfacción, pero esto no significa que no podamos canalizar nuestra pasión por nuestro trabajo. Es importante cambiar de actitud para tener en cuenta la importancia de aprender a amar lo que hacemos.

El amor es un verbo de acción y es lo que da forma a nuestras experiencias e impulsa nuestras decisiones. Para cultivar un nuevo aprecio por nuestro trabajo y nuestra vida, debemos esforzarnos activamente por poner nuestro corazón y nuestra mente en lo que hacemos. Debemos implicarnos en nuestros proyectos, comprometer nuestra creatividad y abordar nuestras tareas con una determinación sincera. Esto significa esforzarnos por encontrar nuestro propósito e inyectar nueva energía y entusiasmo a nuestras vidas.

Cuando somos capaces de hacerlo, nos abrimos a nuevas posibilidades. Desarrollar nuestras habilidades y alimentar nuestras fortalezas naturales nos da a su vez el poder de desempeñar nuestras funciones lo mejor posible. Sólo cuando aceptamos de verdad nuestras circunstancias actuales y nos esforzamos por esculpirlas para mejorarlas, es posible progresar.

Una vez que aprendemos a poner todo nuestro ser por delante, es más fácil dar sentido a las conexiones subconscientes entre el sentimiento y la acción. Cuando uno pone el corazón en lo que hace, no sólo es más fácil, sino que resulta más fluido y suave. La perseverancia está en el corazón mismo de la creación de algo de lo que podamos sentirnos orgullosos y de creer en cada centímetro de su belleza.

Armados con amor y determinación, es posible escapar de la rutina mundana y avanzar hacia una vida laboral más sana y equilibrada. Todos podemos hacer ese cambio, independientemente de nuestras circunstancias actuales, para vivir y trabajar con propósito, pasión y alegría.

Una sociedad uniforme tiene dificultades para reconocer las diferencias individuales

Ser completamente uno mismo puede ser un reto en cualquier sociedad, sobre todo en las sociedades que defienden un único modelo de comportamiento. En tales sociedades, a los individuos les puede resultar difícil expresar o adoptar actitudes, creencias y temperamentos diferentes de la norma.

En la raíz de este desafío se encuentra una noción de “comportamiento aceptable” que puede ser difícil de aceptar, sobre todo si está rígidamente definida. Es decir, para ser aceptados, los individuos deben adherirse a este modelo de comportamiento, aunque no esté en consonancia con sus inclinaciones naturales, su personalidad o sus intereses. Una adhesión tan estricta puede resultar increíblemente exigente, tanto emocional como intelectualmente, y puede ser un impedimento para la verdadera autoexpresión.

El concepto de “comportamiento aceptable” es a menudo una forma de control, en la que se obliga a los individuos y a los grupos a cumplir con un modelo de comportamiento existente, con el fin de lograr su aceptación. Por ejemplo, en algunas sociedades, se piensa que ciertas creencias religiosas u opiniones políticas son la única forma aceptable de vivir, y quienes no se adhieren a ellas pueden ser condenados al ostracismo o discriminados.

Además, los medios sociales y otras plataformas pueden exacerbar este problema al crear un espacio en el que las opiniones y los comportamientos de las personas pueden ser juzgados y criticados. Esto puede llevar a que las personas se sientan presionadas para ajustarse a alguna norma externa, en lugar de poder expresar su verdadero yo.

En última instancia, es importante reconocer que la autoexpresión no debe obstaculizarse ni reprimirse. Cada persona es única y merece ser respetada por las pequeñas o grandes diferencias que pueda tener. Es esencial que la sociedad facilite la verdadera autoexpresión, en lugar de imponer expectativas que impidan la libertad de una persona para expresarse con autenticidad.

Encontrar espacios para expresarse

En el mundo actual, cada vez más acelerado y agitado, resulta cada vez más difícil tener tiempo para ser uno mismo de verdad y expresarse de forma significativa. Como adultos, a menudo tenemos obligaciones que nos restan un tiempo valioso que de otro modo podríamos dedicar a explorar aficiones, participar en actividades o simplemente tomarnos un tiempo para estar con nosotros mismos. Aunque estas responsabilidades son una parte importante de ser un miembro productivo de la sociedad, también es importante tener tiempo para desconectar y explorar nuestras identidades personales de forma significativa.

Una forma de permitirse explorar y expresarse, sin apartarse de otras responsabilidades, es buscar actividades que puedan complementar las obligaciones y tareas de la vida moderna. Por supuesto, siempre hay una gran variedad de actividades a las que dedicarse más allá de las actividades académicas tradicionales, pero lo más importante es que hay un montón de actividades en las que uno puede explorar y ser realmente uno mismo. Ya sea tomando clases de boxeo por las tardes o recibiendo clases de baile los fines de semana, estas actividades pueden proporcionar a los individuos una plataforma para explorar realmente sus pasiones e intereses personales, al tiempo que forman conexiones significativas con sus compañeros y, potencialmente, descubren nuevos talentos.

Sin embargo, es importante recordar que emprender estas actividades para explorar la propia identidad y expresarse no tiene por qué restar importancia a otras responsabilidades importantes. Encontrar actividades que puedan realizarse en momentos marginales de la semana puede proporcionar a los individuos una vía para expresar su individualidad, al tiempo que mantienen la mayor parte de sus días libres para perseguir otros objetivos.

En última instancia, es esencial que los individuos den prioridad a actividades que les permitan expresar y explorar su propia identidad. Hacerlo dará a los individuos la oportunidad de estar presentes en el momento y, con suerte, les proporcionará nuevas conexiones significativas y oportunidades para crecer como individuos.

¿Realmente necesitamos aspirar a ser nosotros mismos?

En los últimos años, la sociedad se ha preocupado cada vez más por los comportamientos de sus habitantes. En un esfuerzo por maximizar el potencial de nuestra cultura colectiva y aprovechar al máximo nuestras oportunidades de coexistir en armonía, se ha hecho necesario demostrar cierto grado de suavización en el comportamiento. Si bien es cierto que algunas formas de expresión e identidad pueden considerarse aceptables, muchos han criticado la naturaleza artificial de algunos de los límites y etiquetas que se ponen a nuestras acciones y actitudes.A primera vista, puede parecer que la sociedad exige un cierto nivel de conformidad, ya sea por medios tácitos o explícitos, para poder existir en armonía. Esto puede incluir la limitación de algunos comportamientos considerados demasiado extremos o la imposición de parámetros sobre cómo interactuamos unos con otros para mantener el delicado equilibrio de nuestro entorno compartido. En realidad, sin embargo, no es más que un esfuerzo por mantener la paz entre todas las personas y ofrecer a todos las mismas oportunidades de prosperar.

Para ser justos, es comprensible que algunos sientan que la exigencia de respetar ciertos códigos de conducta se opone a la noción de “expresión” y de “ser uno mismo”. Sin embargo, es importante tener en cuenta las razones subyacentes a estas peticiones. Cuando se ofrece una plataforma para expresarse, es esencial ser consciente de cómo las propias acciones podrían afectar a los demás. Por ejemplo, si la intención es crear una atmósfera segura para todos, comportamientos como la violencia y la crueldad se encontrarán naturalmente con resistencia.

También es importante reconocer que la sociedad nos proporciona varias formas de expresarnos y de identificarnos con los demás, sin necesidad de ser demasiado extremos en nuestras elecciones. Somos capaces de encontrar un término medio en nuestras interacciones, donde podemos existir y funcionar sin necesidad de chocar constantemente unos con otros. Es una especie de “uniforme”, por así decirlo, que nos permite a todos superar las diferencias temporales que podamos tener y sacar fuerzas de nuestras experiencias compartidas.

Esencialmente, si hay aspectos de una identidad que no se alinean con el colectivo en general, sería prudente considerar la posibilidad de reevaluar la mentalidad y el entorno en el que se formó. De lo contrario, aquellos con opiniones extremas pueden optar por abandonar los confines de su sociedad determinada y buscar un grupo que se adapte mejor a sus valores. En cualquier caso, el objetivo es garantizar la mayor sensación de satisfacción comunitaria y personal en nuestro entorno, manteniendo al mismo tiempo los valores que se esperan de nosotros.

La sociedad es lo que nos saca de nuestro condicionamiento animal

Las normas y convenciones sociales son la antítesis de la ley natural. Mientras que en la naturaleza se suelen valorar los comportamientos más violentos, la sociedad, en cambio, trata de reprimir estos actos para promover la prosperidad y el bienestar colectivos. El auge de la civilización ha inculcado valores sociales y una etiqueta que establece una norma a la que hay que atenerse.

En la naturaleza, las tácticas de supervivencia suelen implicar comportamientos agresivos y violentos. Esto se observa sobre todo cuando los animales compiten por recursos escasos como la comida y las parejas. Sin embargo, las sociedades han evolucionado para favorecer formas de resolución más pacíficas y evitar el riesgo de una escalada hostil de las disputas. De este modo, las sociedades mantienen un sentido del orden y crean unas condiciones en las que la supervivencia no depende exclusivamente de la capacidad de sobrevivir en un mundo de “perro come perro”.

Las leyes y las costumbres han venido a sustituir a los principios darwinianos de la supervivencia del más apto. Como resultado, las consideraciones morales se han vuelto cada vez más importantes a la hora de decidir quién ostenta un estatus superior en la sociedad. Se considera que aquellos que son más beneficiosos para la colectividad tienen una posición más elevada, aunque no sean necesariamente los más fuertes físicamente. Se concede respeto y admiración a quienes prestan servicios, como los curanderos, los científicos o los filántropos, en lugar de a los cazadores y guerreros que podían ser venerados en las sociedades premodernas.

En conclusión, está claro que la sociedad y la naturaleza no podrían estar más alejadas. Mientras que en la naturaleza la fuerza física reina suprema, en la sociedad está siendo suplantada por el altruismo y el pensamiento moral. Los que tienen el poder de hacer el mayor bien a la colectividad tienen el estatus más alto en la sociedad y ejercen la mayor influencia sobre el funcionamiento de nuestro mundo.

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