El mundo de las redes sociales a menudo solo habla de dinero y notoriedad, cuando en realidad la satisfacción que estos proporcionan es limitada. El dinero permite cubrir necesidades esenciales e intermedias, pero llegado a cierto punto, ya no es suficiente. Para ir más allá, es necesario trabajar con el corazón, de modo que este nos ayude a ver el mundo en toda su belleza. Incluso añadiría que primero hay que trabajar con el corazón, porque este nos permite tomar las decisiones correctas sin dejarnos engañar por las ilusorias búsquedas de dinero o prestigio.
El corazón es el lente que nos permite ver el mundo.
Se piensa que los ojos son los órganos que permiten ver, cuando en realidad se trata del corazón. Un corazón puro ve el mundo tal como es, libre de prejuicios y del odio que oscurecen nuestra visión. Las emociones negativas son engañosas porque nos desvían de lo evidente, que sin embargo está ahí ante nuestros ojos. Si hubiera un solo trabajo que hacer en nuestras vidas, sería el de trabajar para ennoblecer nuestro corazón permanentemente, es decir, despojarlo de lo superfluo, aquello que obstaculiza nuestra comprensión de los demás y de nuestro entorno.
Olviden el intelecto por un momento, concéntrense en el corazón
La vida moderna está centrada en la eficiencia, por eso da crédito a la inteligencia. Esta, ciertamente, permite construir muchas cosas. Sin embargo, si solo hubiera que quedarse con una cosa, sería el alma y, por tanto, el corazón, porque es allí donde reside, y solo ella permite encontrar la verdadera felicidad. Ciertamente, puedes desarrollar tu inteligencia, pero esta debe estar subordinada a tu corazón.
Para desarrollar la calidad del corazón, hay que pensar en términos de virtud.
Si crees tener deficiencias en cuanto a la calidad del corazón, intenta desarrollar una cualidad noble para eliminar ese defecto gradualmente. Esta mejora tendrá un efecto colateral positivo en otras cualidades. Una virtud atrae a otra, del mismo modo que un vicio atrae a otro. Aquí tienes una lista no exhaustiva de las cualidades que podrías desarrollar:
La paciencia
El sentido de justicia
El valor
La benevolencia
La generosidad
La humildad
La templanza
La lealtad
La compasión
La gratitud o también la empatía.
Elige una de estas virtudes para cada día de la semana, o cada semana del mes, o incluso cada mes del año, y trata en la medida de lo posible de ilustrar esa virtud con tu comportamiento.
Usa la introspección para mejorar tu corazón
Debes encontrar una manera de motivarte para ir en la buena dirección.
Algunas religiones ordenan a sus adeptos seguir una práctica rigurosa; esto se llama ortopraxia. Rezar deja entonces de ser una elección personal para convertirse en una obligación que todo creyente debe cumplir cada día para ser considerado como tal. Esta obligación simplifica de algún modo las cosas en materia de espiritualidad, pues se produce una inversión: ya no es la vida material o social la que prima, sino la espiritual. Donde a menudo se estructura el día en función del trabajo y las obligaciones profesionales, la ortopraxia pone el énfasis en lo esencial y evita una inversión de los valores. Si no estás ya inscrito en este tipo de buena “rigidez espiritual”, puedes recrear por ti mismo este tipo de condicionamiento mental, especialmente estableciendo un sistema de puntos y recompensas.
Depende solo de ti motivarte
Si observas que te cuesta tener un buen comportamiento en el día a día y tienes la impresión de que pierdes el tiempo en cosas inútiles o que no te dedicas lo suficiente a las tareas más importantes, necesitas establecer un sistema que te permita superar este problema. Lo primero es tomar conciencia de que la falta de disciplina que padeces es en parte un condicionamiento mental y que para invertir la situación necesitarás cierto tiempo. Tu cerebro necesita tiempo para ser reconfigurado. Una forma sencilla de motivarte es establecer un sistema de puntos que funcione a modo de dinero: cada buena acción te aporta puntos positivos y cada actividad que consideres negativa te los resta. Este sistema se basa ante todo en tu buena fe para funcionar, dado que eres tú quien asignará los puntos a cada actividad. Los puntos negativos pueden verse como una forma de recompensarte por los esfuerzos realizados. Por ejemplo, podrías establecer que realizar una oración te da 5 puntos y que beber un refresco te resta 3. El objetivo es que, con el tiempo, consideres la oración de manera autotélica, es decir, que la disfrutes por sí misma y no por los puntos que te reporta. Generalmente, una actividad beneficiosa (ej.: hacer deporte) necesita al principio una motivación extrínseca (ej.: volverse más atractivo), mientras que una actividad perjudicial es más fácil al principio (ej.: comer dulces). Por otra parte, tu sistema de puntos personal debería tener en cuenta la dimensión cualitativa al realizar tus tareas. Por ejemplo, si realizas una oración y esta ha sido hermosa y profunda —más de lo habitual— podrías darte 7 puntos o incluso más. Por el contrario, si estabas medio distraído y no pudiste adentrarte profundamente en tu oración, podrías darte solo 3 puntos o menos. La idea principal de este sistema de puntos es que crees un baremo únicamente para las actividades que necesitan motivación para ser realizadas o evitadas, no para las que ya están profundamente arraigadas en tus hábitos (ej.: lavarse los dientes, ser educado, etc.). Cada persona es única y, por tanto, cada una tiene su propio sistema de puntos y sus prioridades. Si deseas iniciar nuevos hábitos espirituales, dale el máximo de puntos a la oración o a la meditación al principio, para luego reducir gradualmente su coeficiente cuando consideres que estas prácticas están suficientemente arraigadas. Con el tiempo, ni siquiera necesitarás tal sistema cuando tus buenos hábitos estén consolidados y los malos, impedidos. Es posible que de vez en cuando, por ejemplo una vez al mes durante una semana, vuelvas a poner en marcha este sistema para asegurarte de que todo sigue por buen camino.
Las malas experiencias están ahí para hacer trabajar tu corazón
Hay dos maneras de reaccionar ante una mala situación: lamentarse o usarla para volverse mejor. Por supuesto, la mejor actitud en estas circunstancias es la segunda, un poco como el avión que usa el aire para volar hacia el cielo. ¿Cómo transformar un contratiempo en sabiduría y mejorar el corazón al mismo tiempo? La respuesta simple sería decir que hay que reflexionar especialmente sobre cómo verlo como portador de una lección. Si eres experimentado, podrías casi en tiempo real extraer lecciones de tus malas experiencias.
Primero, hay que aprender a cambiar tu vocabulario. Si hablas de “mala experiencia”, te costará extraer alguna sabiduría de ella. Habla más bien de “desafío” o “obstáculo”, porque ambos pueden ser superados. Luego, reflexiona sobre cómo vas a poder enfrentar estos desafíos de la mejor manera posible. Cuando uno se enfrenta a un enemigo, puede ser invadido por el resentimiento, y este no es un buen consejero. Un mejor enfoque es enviar amor a la situación para aclarar las cosas y ver si algo que ignorábamos podía ser utilizado para salir por la puerta grande de lo que parecía inicialmente un callejón sin salida.
Una cosa importante para ayudarte a resolver desafíos es mostrarte compasión contigo mismo. Pasa tiempo a solas todos los días. Asegúrate de dormir bien, come lo suficiente, cuida tu alma rezando regularmente. Una vez garantizada esta base, pondrás todas las probabilidades de tu lado para abordar las cosas con calma, concentración y benevolencia, todas ellas cualidades necesarias para superar las dificultades de la mejor manera posible.
Haz funcionar tu corazón
Lo que sucede hoy en día es que funcionamos en automático. La eficiencia valora el intelecto y la voluntad, así que usamos nuestra razón y la fuerza en todas las situaciones para resolver nuestros problemas. Sin embargo, el intelecto y la voluntad son solo dos llaves para la resolución de problemas que necesitan una tercera, y esta se activa mediante el amor.
Observa la calidad de las emociones que te atraviesan sin querer necesariamente borrarlas
Los adeptos del pensamiento positivo creen que las emociones negativas son fundamentalmente malas. No es así. Son más bien indicios, rastros dejados por tu conciencia precisamente para tomar conciencia de la calidad de esta última. Las emociones son a la conciencia lo que el termómetro es a la temperatura. No es ocultándolas como vas a alterar la realidad.
El termómetro no hace el tiempo, y la emoción no hace el nivel de conciencia. Utiliza mejor esta información para hacer progresar tu corazón. Es ante todo en un corazón puro donde reside una conciencia elevada. Para progresar en el ámbito del corazón, es bueno tener una retroalimentación permanente. Las emociones constituyen uno de esos feedbacks.
Encuentra las razones ocultas detrás de esas emociones negativas
Cada emoción negativa encierra una verdad, una sabiduría por explorar. En sí misma, esa emoción muestra que tu corazón puede aún progresar de tal modo que la compasión, la benevolencia o el amor reemplacen a esa emoción negativa.
No lamentes un comportamiento pasado, más bien extrae lecciones de él
Cuando se contempla el pasado, a veces uno se encuentra en una situación donde lamenta su reacción ante eventos o personas. Por ejemplo, a menudo sucede que uno esté triste o apenado por haberse enfadado ante algo o alguien de quien luego se supo más cosas, y que hacía que nuestra reacción fuera fútil o incluso ridícula. Esencialmente, las malas reacciones que derivan de malas emociones son fruto de la ignorancia. Por eso un sabio es lo que es. Su amor y su benevolencia provienen de su saber (sabiduría y saber comparten la misma etimología). Esto explica que es necesario tener experiencias y amor por el aprendizaje para hacer progresar tu corazón.
El saber que más importa está ligado al alma
Eres el producto de sucesivas encarnaciones —escucha lo que digo aunque no creas en esto—. Tienes una forma de saber latente que se transmite de encarnación en encarnación. Si concentras tu aprendizaje en la sabiduría y el progreso de tu alma, podrás potencialmente beber de las enseñanzas de encarnaciones pasadas, lo que hará tu progreso más rápido que en otros campos más recientes (informática, etc.).
El propósito de la vida es ser una buena persona, y eso es lo que te hace feliz
Finalmente, si hubiera una afirmación definitiva que formular, habría que decir que la felicidad se vive en el corazón y no en otro lugar, es decir, en el intelecto, el cuerpo, los sentidos, etc. Para optimizar tu capital de felicidad, debes ser capaz de aumentar las capacidades de tu corazón. Una mejora de la moralidad mediante la práctica de la virtud induce necesariamente un mayor potencial de felicidad. Es como si tuvieras un coche muy bonito, con una bonita carrocería y un bonito interior. Si la felicidad correspondiera en esta situación a la velocidad, es inútil dedicarse a otra cosa que no sea el motor y su potencia. Así que te dejo meditar sobre esta imagen y ver cómo puedes cambiar tu vida para ir más rápido o vivir la vida más profundamente gracias a un gran corazó






