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¿Cuál será la riqueza de mañana?

 

La humanidad ha seguido un camino que se ha materializado en una trayectoria particular con respecto a la noción de riqueza.

En tiempos inmemoriales, la riqueza era el poder espiritual. En las tribus de cazadores-recolectores, siempre eran los chamanes los que gobernaban a los demás humanos. La tierra no pertenecía a nadie, ya que aún no habían iniciado la sedentarización que siguió al dominio de la agricultura. En consecuencia, los más poderosos eran los que podían movilizar a más gente. Los grupos humanos más numerosos son los más fuertes. Los humanos eran una fuente de riqueza por derecho propio en los albores de la historia de la humanidad.

Con la sedentarización, lo importante es la tierra o el territorio. A partir de entonces, las personas pertenecen a un territorio. Quien controla el territorio controla al pueblo.

Cuanto más se avanza en el tiempo, más se aleja la riqueza de la humanidad o de la naturaleza. En una época posterior, las máquinas y las fábricas son la fuente de riqueza. Después, es la información y la forma en que está estructurada lo que da valor a una economía. Hoy en día, la riqueza de un país es la suma de todos los elementos mencionados anteriormente, a saber: la narrativa colectiva (la historia que se cuenta para crear cohesión), el número de habitantes, la superficie del territorio, la potencia de su industria, la cantidad de datos que posee, ¿y luego qué?

¿Hay alguna riqueza nueva por descubrir que aún no se haya encontrado y que tenga sentido hoy en día?

Ha habido una especie de progresión en la historia, si se quiere, y se puede ver en la evolución de las profesiones. Los campesinos se convirtieron en trabajadores, que a su vez se convirtieron en trabajadores de la información. La destrucción creativa ha dado lugar a nuevas profesiones. Si los ingenieros informáticos se quedaran obsoletos, ¿a qué tendrían que recurrir?

Todo cambio de época económica ha sido posible gracias a un excedente. Un excedente de alimentos, posibilitado por la agricultura, permitió la aparición de la profesión artesanal, que fue la primera versión de la industria. Las sociedades mercantiles que dependían en parte de una economía artesanal avanzada (Venecia, Génova, etc.), pudieron acumular capital para financiar la exploración y las nuevas innovaciones. Cuando la industria produce en exceso, crea una sociedad de consumo que a su vez estimula la demanda de tecnología. Cuando las tecnologías invaden nuestras vidas y hacen desaparecer puestos de trabajo en determinados sectores mediante la automatización o la robotización, se crean potencialmente dos humanidades: una desconectada del mundo natural que evoluciona en la virtualidad (cf. metaversos, etc.) y otra que reacciona y desea volver a conectar con el mundo biológico.


Los dos tipos de riqueza

La vida en el metaverso

Al igual que hace unas décadas parecía absurdo crear riqueza a partir de la información, hoy es igualmente absurdo imaginar la creación de valor ocupando una función determinada en un mundo totalmente virtual.
Un mundo controlado por máquinas no debería dar mucha importancia a los humanos a primera vista. Sin embargo, si nos fijamos en cada uno de los períodos presentados anteriormente, es el trabajo humano el que ha dado valor a las cosas. El trabajo humano ha dado valor a la tierra, igual que ha enriquecido a las fábricas en la era industrial o a los gigantes de Silicon Valley en la era actual. Cada vez se ejerce el trabajo humano sobre algo: a veces la tierra, a veces las máquinas, a veces los datos. En resumen, podemos decir hoy que estamos en un mundo que precede al metaverso pero que tiene algunas de sus características. Los youtubers y otros influencers de todo tipo ya han creado una economía virtual que alimenta una floreciente industria. La diferencia con el mundo del mañana es que estos influenciadores pueden ser también creaciones virtuales y tienen el mismo poder sobre las personas. Esto no es en sí mismo nuevo, las creaciones de la mente de las personas han sido y siguen siendo una influencia sustancial (por ejemplo, personajes de películas y dibujos animados, héroes de novelas, etc.).

¿Qué trabajo se puede hacer en un mundo virtual? ¿De qué se trataría?

Vivir, consumir y entretenerse (o crear) en el metaverso podrían ser las únicas actividades posibles y consideradas como trabajo, aunque sea absurdo.

En un mundo que se ha vuelto inhabitable por la catástrofe climática que se avecina, la única forma aceptable de vivir será meter la cabeza en un casco y escapar a una realidad paralela. La riqueza seguirá existiendo, pero será la fama o la influencia de los individuos su principal componente. Un país poderoso será el que tenga las estrellas más influyentes del metaverso. Ser el más apreciado por la comunidad de personas que conforman el metaverso será la mayor riqueza en un mundo desmaterializado. Esta idea se remonta, pues, a la primera noción de riqueza a escala humana (una especie de poder espiritual).

Los que se niegan a vivir en el metaverso

En todas las épocas hay rebeldes que se niegan a conformarse con el nuevo orden establecido. Los que se nieguen a vivir en el metaverso formarán pequeñas comunidades que intentarán vivir y preservar los pocos espacios naturales que no sean granjas hidropónicas. Su estatus los situará directamente en la ilegalidad, pero el mundo los ignorará porque lo único que valdrá será lo virtual. Su única riqueza será la calidad del suelo de las parcelas que cultiven y la calidad de los vínculos que hayan establecido en su comunidad.

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