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¿Cómo cambiar el mundo cuando sólo eres una pequeña partícula del universo?

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No escuches tu voluntad, deja que tu energía se exprese

Lo que tenemos al nacer, es el universo que nos lo dio. Nos dio este aliento, este impulso, esta energía, que es nuestra fuerza motriz. No lo sabemos y pensamos que lo que hacemos es sólo fruto de nuestra voluntad. Somos como una nave espacial que vaga por el espacio con una inercia que no encuentra resistencia en su camino. El movimiento que lo impulsa es la fuerza de propulsión que se desplegó inicialmente desde su plataforma de lanzamiento. Estos motores son como un soplo divino.
Vamos donde queramos en la Tierra, pero lo principal se ha producido antes. Reconocer este poder es ser humilde y dejar de atribuirnos todo el mérito. Ciertamente, nuestra voluntad actúa, existe, pero hay un principio preexistente mucho más fuerte que va más allá de nosotros.

Para poder servir al mundo de la mejor manera posible, debemos volver a conectar con esta fuente universal, que es donde reside nuestra felicidad y nuestra vocación. No podemos llegar lejos en esta vida, si nos oponemos a lo que más nos anima en el fondo. Para poder realizar este trabajo, es necesario saber desaprender muchas cosas que nos han enseñado desde nuestra infancia. Reconectar con nuestra fuente puede llevar tiempo si hemos estado perdidos durante mucho tiempo de una forma que no era la nuestra, interpretando un papel o llevando una máscara. Cuando sentimos que algo va mal, nada mejor que hacer una meditación activa, es decir, practicar una actividad física en la que la mente consciente sea menos solicitada. Al hacerlo, ya sea caminando, nadando, montando en bicicleta, conduciendo, haciendo yoga, meditando, etc., uno puede actuar directamente de forma más intuitiva y tomar conciencia de cosas que desconocía o reprimía.

Es más que esencial dedicar un tiempo cada día a «no hacer nada», es la mejor manera de mantenerse en el camino y tomar las decisiones correctas día tras día.

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