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Celebra tus pequeñas victorias

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No hay mejor lugar que su corazón para celebrar un pequeño logro. Esto no es la marca del narcisismo, es sobre todo la prueba de la gratitud al destino. Nuestros esfuerzos no suelen tener la recompensa que esperábamos, pero siempre se ven recompensados.

Puede parecer infantil o hasta pueril no mostrar ninguna gratitud aunque recibamos bendiciones.
Una celebración de la victoria, por muy humilde que sea, es como un momento para calmar la sed durante una carrera. Por supuesto que podemos seguir corriendo con pasión, pero la carga del esfuerzo se hace cada vez más pesada de soportar. Vale la pena hacer una pequeña pausa, para experimentar un placer en el deleite de esta agua que tragamos a sorbos. Lo mismo ocurre con la carrera de la vida. Ésta no siempre tiene una meta clara para nosotros, sólo sabemos que el final es la muerte, por eso las prisas pueden ser una locura. Sin embargo, en cada etapa de nuestro viaje, podemos mantener la esperanza de avanzar aunque el resultado sea inevitablemente trágico. Aunque te miren con desprecio o desinterés, siempre hay una entidad superior dispuesta a escucharte y a creer en ti. Dios no te abandonará, aunque tú le hayas abandonado – Sus mensajes sólo serán inaudibles para ti en este caso.

Cuando estornudas, el tiempo se detiene, o al menos queda suspendido, te conviertes en tu propio observador – justo antes de estornudar – durante un cuarto de segundo. El agradecimiento es, de alguna manera, estornudar más tiempo. Es hacer balance, detenerse un momento para saborear el trabajo realizado y contemplar el que queda por hacer.

Bebe esos sorbos de agua fresca en el camino que es la vida. Hará que su viaje sea más agradable. No mires a los que buscan degradarte. Bájate sólo ante Dios como una escarola que se inclina para recibir los rayos del sol.

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