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Ser sensible en un mundo que no es sensible

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¿Cómo podemos gestionar a diario estas decenas de microagresiones que recibimos? Esas pequeñas púas lanzadas por los desconocidos, esas miradas afiladas, esas palabras críticas pronunciadas al azar durante un encuentro minan nuestra energía hasta el punto de sentirnos abrumados. ¿Estamos condenados a seguir esta tendencia y convertirnos a su vez en tóxicos para los demás? ¿Debemos resignarnos a dejarnos contaminar? ¿Hay una salida? ¿Cómo salimos de ella? ¿Debemos recrear una burbuja o un capullo para protegernos? Si es así, ¿cómo lo hacemos?

En primer lugar, alégrate de esta sensibilidad, aunque a primera vista parezca una carga. Si te sientes más tierno que la gente que te rodea, es sobre todo porque consigues captar lo que los demás no ven ni entienden. Consigues ver el mundo también a través del filtro de tu corazón y no exclusivamente a través del filtro de tu intelecto. Si consigues entender mejor la vida, es porque aún no te has resignado a cerrar tu corazón, aunque esto implique decepciones periódicas.

Protege tu corazón como se protege a un niño de la lluvia.

No puedes exponerte ingenuamente a la malevolencia de los demás; debes saber dónde pisas. No tenemos una reserva ilimitada de atención, energía, benevolencia o simplemente tiempo a nuestra disposición hacia los demás. Seamos razonables, debemos saber preservarnos y ser conscientes de nuestros límites para no agotar los recursos de nuestro ser. Hay una serie de cosas que se pueden hacer a diario para garantizar una restauración saludable de nuestro capital de atención, energía o motivación. Comer bien, dormir bien y mantener pensamientos constructivos son esenciales para evitar caer en una espiral de negatividad. Este enfoque racional nos permite llenar el depósito diario y, al mismo tiempo, no malgastar nuestra energía innecesariamente, por ejemplo, en rabietas inútiles. Hay que saber dar, pero sin hacer nunca de este don una fuente de agotamiento.

Hay un nivel superior que se puede alcanzar, pero implica adherirse a la existencia de una inteligencia universal de la que se podría sacar más fuerza.

Ser como el sol: el camino de los maestros

Cuando consigues cultivar un nivel vibratorio importante, ya sea a través de la oración o de la meditación en particular, puedes transformarte en una estrellita, eso es lo que se dice, yo mismo estoy lejos de haberlo realizado. Tu calidez puede emanar y podrás transformar positivamente el nivel de conciencia de la atmósfera que te rodea con tu simple presencia. Por supuesto, estarás menos influenciado por lo que te rodea porque te posicionarás como si estuvieras encaramado en lo alto, contemplando a los demás sin que su toxicidad te alcance. Este nivel sólo puede alcanzarse al precio de un largo trabajo interior. No se da a todo el mundo porque es exigente y puede parecer tedioso. Sin embargo, si te esfuerzas en la purificación diaria, puede que no te transformes en sol, pero conseguirás poner cada vez más luz donde antes hubiera triunfado la oscuridad. Haz tu parte para que este mundo sea un poco más brillante, y nunca desprecies tu contribución, por humilde que sea.

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