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La satisfacción, el pilar de nuestra vida

satisfaction

Un ser humano puede definirse trivialmente por una suma de deseos. Lo que nos hace valiosos, al final, es la disposición de estos deseos y la calidad de los mismos. Aunque, por supuesto, es difícil controlar siempre nuestros deseos, hay formas de hacerlos menos tóxicos para nosotros, en el sentido de que desarrollan una dimensión superior de nuestro ser.

¿Qué es un deseo vil? Es un deseo que transgrede la ética, es decir, consiste en hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. También puede definirse como la satisfacción de una necesidad primaria sin tener en cuenta su dimensión moral.

La dificultad con la que tratamos de reprimir los pensamientos negativos, lujuriosos u oscuros de la vida cotidiana es, en última instancia, un indicio de la falta de método en nuestra capacidad para combatir este fenómeno. Aunque todos somos iguales en la forma de afrontar este problema, porque existe cierta universalidad en la psicología humana, no todos partimos del mismo lugar. Crecer en un entorno tóxico puede dejarnos impotentes para afrontar la repetición de patrones. Los ciclos que repetimos una y otra vez son la marca de nuestra incapacidad para superar escollos que para otros son insignificantes. De la misma manera que una mosca puede entrar en la ventana de tu habitación docenas de veces, como humanos tenemos la misma capacidad de repetir ciclos ilusorios. Aunque hay muchos enfoques para emanciparnos de esta tendencia, no todos son adecuados para todos, simplemente porque nuestras creencias pueden actuar como un filtro que rechazaría una práctica concreta.

Encontrar la armonía

Una cosa es cierta: la tendencia a albergar deseos viles nos lleva inevitablemente a la desarmonía. La armonía podría definirse como la cualidad que nos permite estar en paz con nosotros mismos y, finalmente, sentir plena satisfacción en nuestro interior sin necesidad de buscarla en otra parte.

Los deseos son, en definitiva, una proyección de nosotros mismos sobre nuestro entorno, la mayoría de las veces de forma distorsionada, ya que son el resultado de nuestra subjetividad.

El animal y lo divino

Los humanos son animales con libre albedrío. Si podemos plantear la idea de que toda forma de vida contiene lo sagrado, podemos decir que la dimensión degradante del ser humano se reduce a querer reconectarse con su naturaleza animal exclusivamente. Aunque, por supuesto, estamos obligados a tener en cuenta nuestra fisiología para sobrevivir, tenemos la opción de ir más allá de este aspecto de la existencia centrándonos en nuestra naturaleza divina dentro de cada uno de nosotros, que podemos fomentar y propagar.

Esencialmente, la desarmonía se produce cuando surge un conflicto entre estas dos dimensiones del ser y se permite que el animal que llevamos dentro gane porque nuestra naturaleza divina y moral no ha sido suficientemente invocada.

Rational

Si es difícil creer en nuestra naturaleza divina, podemos adoptar con la misma facilidad el razonamiento lógico para superar las tendencias que detectamos. Si somos conscientes de nuestras limitaciones y del sufrimiento que causan los deseos viles, siempre podremos combatirlos con la razón.

El primer paso es tomar conciencia de la naturaleza de los propios deseos y desear sinceramente el cambio. Cuando surge un deseo vil, no hay que alarmarse si no continúa. Por otro lado, si un pensamiento vil persiste y no podemos deshacernos de él, es bueno utilizar el razonamiento para llegar a la raíz del problema.

Hay una multitud de causas que pueden llevar a un pensamiento vil. Además, gran parte de nuestra forma de pensar proviene de nuestra relación con la comida y de la forma en que aclaramos nuestros pensamientos cada día. La comida afecta a nuestro intelecto porque los nutrientes que contiene pueden actuar como catalizadores de las emociones. El ejemplo más emblemático es el chile o el café, que pueden producir marcas en nuestra mente que desaparecen a medida que nuestro cuerpo elimina los elementos implicados.

Amar

Mantener pensamientos odiosos o codiciosos también puede ser un foco importante de deseos viles. No creo que sea necesario mostrar cómo el odio y los deseos viles están íntimamente ligados. Por otra parte, creo que es necesario mostrar los vínculos entre la codicia (e incluso la ambición, que es una especie de hermana pequeña de la codicia) y los deseos viles.

[precaución: lo que sigue puede ofender sus convicciones, así que intente leer hasta el final sin culparme].

La ambición es la búsqueda externa, la mayoría de las veces en forma de materialidad, de un placer, de un disfrute, a causa de una insatisfacción que uno siente. La ambición es más noble que la simple codicia, que es el deseo de acumular o buscar poseer sin consideración moral. La ambición es una codicia más sutil, es la expresión de una carencia que encuentra una justificación moral, por eso pasa desapercibida e incluso es alabada en nuestra sociedad.

¿Alguna vez se ha sentido avergonzado por la excesiva ambición de algún conocido?

La ambición, al emanar de un sentimiento de insatisfacción, nunca es bien recibida por los que les rodean. Las personalidades extremadamente ambiciosas suelen ser tóxicas, aunque consigan disfrazar sus intenciones con bonitos proyectos como querer ayudar a la gente (véase los políticos). La ambición conduce inevitablemente a una mayor insatisfacción y, por lo tanto, genera potencialmente más efectos negativos en la trayectoria de todos los que la emprenden.

¿Pero debemos vegetar y no hacer nada porque nos negamos a ser ambiciosos?

Podemos actuar de forma que parezca que somos ambiciosos por fuera cuando en realidad nuestras acciones emanan de un sentimiento de satisfacción. No se puede juzgar a primera vista si dos personas activas actúan por satisfacción o si la otra lo hace por ambición.

¿Realmente cree que si está satisfecho, dejará de actuar?

Cuanto más satisfecho esté, más se orientarán sus acciones hacia una cierta nobleza. Puede parecer que estás menos activo, pero es precisamente porque estás trabajando en otro nivel. Una persona ambiciosa necesita la materialidad para representar la satisfacción que no puede encontrar en su interior. Los logros de una persona serena o sabia suelen ser de otra naturaleza porque no pierde el tiempo en demostrar su valía o en buscar inútilmente la satisfacción que ya tiene.

Por lo tanto, todo procede de la satisfacción

Si tienes hambre, buscas comida. Una vez que has comido, piensas en otra cosa, normalmente buscarás satisfacer un deseo superior siguiendo los pasos de la pirámide de Maslow. El problema de la ambición es que supone que te falta algo de forma profunda y que cualquier cosa que consigas estará teñida de alguna forma de carencia. Por el contrario, actuar con un sentido de armonía y paz nos hace mucho más valiosos para el mundo.

Conclusión:

Es sobre todo un sentimiento de plenitud, es decir, de satisfacción con uno mismo, lo que está en el origen de nuestros deseos más nobles, que de hecho expulsan a los deseos viles. Los deseos viles nacen de nuestras inseguridades, de nuestra precariedad. Por encima de todo, debemos encontrar la plena satisfacción en lo que somos y vernos como un individuo completo que no necesita buscar fuera de sí mismo la satisfacción que busca. Eres un diamante que no se conoce a sí mismo, depende de ti aprovechar tu interior para encontrarlo. Una vez que hayas encontrado la armonía a través de este encuentro, tomarás las decisiones correctas y ya no te agotarás en búsquedas inútiles.

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