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Resistir al mal

¿Cómo podemos resistir al mal? La que llama a nuestra puerta cada día a través de cientos de manifestaciones tan repetidas como insignificantes.

El mal tiene muchas caras. Puede disfrazarse de diferentes maneras para seducirnos. Nos tienta, nos solicita, y finalmente se introduce en nosotros si no tenemos cuidado. Pero, ¿qué es el mal? ¿Es una idea vaga y abstracta o, por el contrario, es una realidad concreta que se materializa ante nuestros ojos?

El mal existe y negarlo nos expone a sus horrores. Sin embargo, la mejor manera de luchar contra ella no es siempre oponerse frontalmente, sino más bien tratar de hacer crecer lo bueno que hay en nosotros.

Veamos 7 ideas que nos ayudan a resistir el mal

Las tradiciones religiosas o espirituales no están necesariamente de acuerdo en la cuestión del bien y el mal. Para algunos, el bien es una parte integral del mal (por ejemplo, el taoísmo), mientras que para otros el mal es la negación del bien (por ejemplo, el cristianismo). A pesar de estas diferencias, intentemos tener un enfoque que reconcilie estas visiones.

1- Reconocer el mal

El primer truco del mal es que consigue disfrazarse y no presentarse como es. Por eso, la primera cualidad de quien aspira a la bondad es identificar y reconocer el mal cuando se presenta ante él. Se trata de saber «cerrar la puerta» para que el mal no entre en nuestros corazones y mentes. El mal es ingenioso al mezclarse con el bien de tal manera que toma la forma o el aroma del bien. Sin embargo, una persona sabia reconocerá rápidamente la verdadera identidad de quien se esconde detrás de la máscara de debona o agradable.

2- Saber de qué está hecho el bien

Para identificar el mal, hay que entender que es la ausencia del bien, por lo que es necesario enumerar las propiedades del bien para ver que donde desaparece el bien, el mal ocupa su lugar. Si nos atenemos a la tradición cristiana, el bien tiene un cierto número de características que pueden asimilarse y agruparse en torno a la noción de virtud. Al final, la bondad se reduce a demostrar ciertas cualidades, al igual que la flor de un campo puede ser un signo de la buena calidad de su suelo. Hay 7 cualidades o virtudes que son los opuestos de lo que los católicos llaman los pecados capitales. Estas virtudes son: la humildad, el desinterés, la pureza y la castidad, la templanza, la paciencia y la diligencia (o amor al trabajo). Estas cualidades son lo contrario del orgullo, la avaricia, la lujuria, la envidia, la gula, la ira o la pereza. Si aprendes a cultivar estas cualidades en tu corazón, será más fácil reconocerlas en los demás.

3- Rodéate de seres luminosos

Cuando se abraza un camino espiritual, siempre es mejor estar bien rodeado. Tener compañeros de viaje con un corazón puro y nobles intenciones es una gran manera de progresar y mantenerse en el camino correcto. Puede que tengas la suerte de haber nacido en una familia cuyos padres ya están en el camino espiritual. Si no, siempre puedes buscar compañeros o maestros espirituales si no encuentras ninguno. La búsqueda puede ser larga en algunos casos, pero merece la pena el esfuerzo.

4- Aprender a rezar, meditar y perdonar

Hay herramientas que han demostrado su eficacia en el pasado en el ámbito de las ciencias iniciáticas. Su práctica puede parecer sencilla, pero han contribuido a elevar la conciencia humana para llevar la paz y la armonía a un mundo presa de alguna forma de terror o injusticia. Rezar te permite «hablar con Dios», hacer vibrar tu alma al unísono con los ángeles. Cuando regresas del viaje astral que te ofrece la oración, tu ser se purifica. Meditar te permite «escuchar a Dios», calmar tu mente para que puedas ver con más claridad. El perdón te permite vivir en paz contigo mismo y confiar en que Dios aplicará su ley divina.

5- No te pongas del lado del mal

Cuando el mal se extiende y lo has identificado, debes, por supuesto, ponerte del lado de sus víctimas. No puedes servir al bien si no eres proactivo cuando el mal ataca a un inocente. Si puedes, asegúrate de proteger y oponerte al mal si está actuando ante tus ojos y tienes la oportunidad de disuadirlo.

6- Reza por tus enemigos

Muchas veces desarrollamos amargura, resentimiento o incluso odio hacia alguien o un grupo de personas. El odio es un veneno que mata a la persona que lo alberga, así que lo mejor es deshacerse de él. Nunca se es grande cuando se actúa por odio. Ser odioso es, en definitiva, haberse mostrado más pequeño que el mal. En algunos casos es difícil no experimentar estas «pasiones tristes». Sin embargo, hay un remedio sencillo, que es rezar deliberadamente por nuestros enemigos, deseando, por ejemplo, que Dios entre en sus corazones y que el mal desaparezca. Esto parece bastante ingenuo, pero es una muy buena manera de ganar la partida a los enemigos, es decir, tener compasión por ellos y combatirlos con amor.

7- Haz crecer el bien en tu corazón

Cada día es una oportunidad para cultivar semillas de bondad en tu corazón. La naturaleza te dio cualidades de corazón cuando eras un bebé, pero tu crianza ha corrompido el ser puro e inocente que una vez fuiste. Depende de ti volver a ser esa persona brillante de la bondad. Para ser un adulto con las cualidades del corazón de un recién nacido, debes cultivar en todo momento estas cualidades: humildad, desinterés, pureza y castidad, templanza, paciencia y diligencia (o amor al trabajo). Los resultados no serán visibles inmediatamente, pero llegará un día en que la flor de tu alma florecerá en toda su belleza porque habrás logrado cultivar estas cualidades con paciencia y silencio, fuera de la vista.

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