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La luz es el rostro de nuestra propia inocencia

La inocencia puede manifestarse cuando perdemos la conciencia de nosotros mismos.

El yo es a la vez nuestro aliado y nuestro peor enemigo.

El enemigo es ese otro yo al que miramos con envidia.

La envidia no es más que un símbolo de nuestra propia carencia.

La carencia surge cuando intentamos satisfacer una necesidad ilimitada en algo finito.

Lo que tiene límites claros es finito.

Lo que está claro para unos no lo está necesariamente para otros.

Los otros son necesarios para tomar verdadera conciencia de nuestra existencia.

La existencia es un periodo relativamente corto comparado con la duración de la gloria.

La fama es una búsqueda inútil si sólo está al servicio del ego.

El ego es la falsa representación del yo.

El yo está en constante mutación.

Una mutación puede ser buena o mala.

Lo malo es lo que puede ocurrir cuando hay falta de disciplina.

La disciplina es la expresión del autocontrol a pesar de los caprichos de la vida cotidiana.

La vida cotidiana es una metáfora de una vida.

La vida continúa, nos guste o no.

Decir no es a menudo el primer acto de resistencia.

La resistencia es lo que tenemos que afrontar cada día si queremos alcanzar una versión mejor de nuestra existencia.

Podemos pasarnos la existencia desperdiciándola si no creemos en nuestra propia nobleza.

La nobleza caracteriza un acto que muestra la conciencia de nuestra dimensión permanente.

Lo que es permanente es el cambio.

El cambio es un eterno reinicio.

El reinicio caracteriza la naturaleza cíclica de las cosas.

Lo que reprochamos a las cosas es que no pueden dar respuesta a las preguntas que nuestro interior conoce.

Conocer es aprehender un tema sin dominarlo.

El dominio de una ciencia se mide por el impacto que tiene en nuestro carácter.

Pulir el carácter de uno es el trabajo de toda una vida.

La vida pasa lentamente para los que desean.

El deseo no es más que la manifestación del ego que no conoce la verdadera naturaleza de la felicidad.

La felicidad se encuentra cuando uno deja de perseguirla.

Perseguir tus deseos no es más que una simple huida hacia adelante.

No basta con mirar al futuro para ser progresista, hay que actuar en consecuencia.

Ninguna consecuencia es neutra, siempre proviene de una acción de la misma naturaleza.

Lo que caracteriza a la naturaleza es tanto su armonía como su brutalidad puntual.

No hay nada más puntual que un reloj mal regulado.

Creer que estamos sujetos a un único conjunto de dogmas y creencias puede convertirnos en fanáticos, seamos o no religiosos.

Sólo hay un paso entre la fe y el oscurantismo.

El oscurantismo es creer que las mentiras de los demás son verdaderas.

Sin otros, no hay sociedad.

La sociedad ideal se define por el número de problemas de la naturaleza que ha evitado.

A veces, evitar un problema es más eficaz que combatirlo directamente. El problema suele derrumbarse por sí solo.

Aunque estés satisfecho con tu vida, siempre encontrarás a alguien que estropee tu satisfacción mientras no hayas anclado tu felicidad en el ideal, el espíritu o lo espiritual.

Una persona espiritual es aquella que sabe sin querer imponer esta sabiduría a los demás.

La sabiduría consiste en decir lo que queremos decir con nuestros actos.

Las acciones más radicales suelen ser las más sencillas.

Una persona sencilla es aquella que decide eliminar todo lo que se interpone en su felicidad.

La felicidad no consiste en disfrutar, sino en disfrutar del no disfrute.

El disfrute es a menudo sólo la expresión de nuestro pleno vacío.

El vacío existe allí donde no hemos sido capaces de impregnar la pureza del alma.

Es en el contentamiento del alma donde encontramos los mayores deleites.

Quien se abre a toda clase de deleites se expone a toda clase de tormentos.

Lo que llamamos miseria es a menudo el resultado de una falta de autoconocimiento.

Es difícil ser uno mismo en una sociedad que cultiva el odio al otro.

El otro me enseña a amar y odiar sólo si le doy permiso.

A menudo nos resulta difícil negar el permiso para que alguien entre en nuestro espacio personal porque nos han enseñado la hospitalidad.

La hospitalidad no es un hecho, es la elección del anfitrión

No todo el mundo es anfitrión

Siempre queremos lo que ya tenemos

Si te crees demasiado vivo, acabas muerto

La muerte no nos enseña la fragilidad del tiempo

El tiempo nos oprime si no podemos domarlo

Domar las pasiones es un requisito previo si se quiere avanzar en una dirección

No hay mil direcciones para la infelicidad, siempre es pensar que somos más pequeños de lo que realmente somos

El que se somete a sí mismo es verdaderamente fuerte

Incluso con varias personas es difícil vencer a una persona noble de corazón

El corazón manda, la mente escucha y modera, los brazos ejecutan. Aquí es donde reside la sabiduría del hombre.

El hombre es más fuerte cuando ha encontrado un igual en el corazón con el que puede contar

Contar los días que nos separan de la muerte es inútil si las horas que los componen están vacías

Vacío está el corazón, vana es la mente

La mente a menudo nos somete más por sus defectos que por su grandeza

La grandeza consiste en hacer las cosas pequeñas como si fueran una obra maestra

El trabajo de una vida se mide por el número de corazones que hemos vendado

Es mejor vendar tus heridas que pensar en tus quejas

No hay peores quejas que rechazar el regalo que se nos da con un corazón puro

El que ve sin juzgar es puro

Juzgar es sentarse en un trono y contar los errores de los demás sin ver que están en nuestro espejo cada mañana

La mañana es el momento en que mejor podemos entrar en la intimidad con Dios

Dios nos honra cuando nos da una esposa fiel

Fiel es el que se interpone en el camino de la tentación porque ha conseguido conectar con su yo superior

El que se humilla ante sí mismo es superior

Aunque tengas razón, a veces es mejor callar porque el silencio trae un eco que ninguna palabra puede imitar

Imitar es reproducir la copia de lo divino

Lo divino es lo que no puede reproducirse sin sufrir alguna forma de corrupción

La corrupción comienza donde desaparece la buena intención

Desaparecer es más fácil que llevar el rostro de alguien que ya no tiene rostro

El rostro es bello siempre que la sonrisa sea sincera

La sinceridad es decir lo que se piensa a quien está dispuesto a escucharlo

Oír es hacer eco dentro de uno mismo

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