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Déjate llevar por el ritmo de los demás

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Todos tenemos un ritmo, un paso o un tempo que nos lleva a lo largo del día, de las semanas e incluso de los años. Este ritmo es único para nosotros, pero también es el resultado de un condicionamiento, ya sea cultural, familiar o profesional. ¿Qué pasa cuando nos empujan personas que no tienen la misma mirada que nosotros? Muy a menudo, nos sentimos irritados, independientemente de que el ritmo sea superior al nuestro. Estas repetidas confrontaciones con diferentes ritmos nos irritan y preferimos alejarnos de ellos porque pensamos que así nos ahorramos una posible contaminación.

A veces es necesario aclimatarse al ritmo de otra persona para ver el mundo de otra manera. Esto es desagradable al principio porque implica «salir de uno mismo». Sin embargo, el cambio de ritmo es lo que realmente permite el cambio de vida. Las personas que nos rodean son buenos o malos guías. A veces debemos imitarlos, otras veces debemos hacer lo contrario. Todos tenemos que aprender de los modelos y de los contramodelos. El esfuerzo de empatía y paciencia necesario para adaptarse a un ritmo más lento es una victoria en sí misma. Del mismo modo, la voluntad y la energía que uno pone en mantener ritmos más intensos también es digna de elogio.

En el mar pueden soplar muchos vientos. Si fuéramos un barco, podríamos conformarnos con una ligera brisa que nos llevara hacia un destino con calma y serenidad. Pudimos contemplar en la distancia, una escuadra arrastrada por rachas de viento cuya velocidad contrasta con un destino más que incierto. El deseo de navegar como el viento se ve atemperado por el miedo a quedar atrapado en una tormenta. La vida no es realmente una carrera, es bueno aprender a navegar con la agilidad de un bote de remos, la seguridad de un transatlántico o la determinación de un acorazado. Al final, nunca sabremos a qué ritmo estamos si no hacemos lo necesario para ver la vida desde la cubierta de los barcos que se cruzan en nuestro camino.

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