La percepción del tiempo pasado está permanentemente alterada. Si en un instante T – en el momento presente – podemos decir que somos relativamente objetivos sobre lo que nos sucede, el paso del tiempo altera inexorablemente esa objetividad bajo el efecto conjugado de los sentimientos y la memoria.
Lo que has vivido, llegarás a revivirlo miles de veces
El recuerdo es como ese grano de arena atascado en la boca de la ostra. Al principio, es una molestia y un intruso del que queremos deshacernos, pero con el tiempo le aplicamos amor para que forme parte de nosotros. Con el paso del tiempo, el grano de arena se convierte en esa perla nacarada que ha soportado ciclos ininterrumpidos de revestimiento, de modo que esta perla parece formar parte integrante de la ostra. Además, es difícil imaginar una ostra sin su perla, y todo el valor de una ostra reside ante todo en esta última, es decir, en algo que le era extraño e incluso una fuente de sufrimiento al principio. ¿No hay aquí alguna sabiduría que extraer de esta imagen? Las experiencias de vida que nos han herido hasta a veces magullarnos pueden ser reapropiadas por nosotros mismos. Un recuerdo doloroso de la infancia puede convertirse en una perla de sabiduría, algo que nos da nuestro valor porque habremos sabido poner en ello nuestro amor y quizás nuestra fe – es decir, la confianza cristalizada a través del tiempo. El recuerdo que parecía ser un lastre se convierte entonces en una fuerza, un escudo que puede incluso servir como objeto contundente para afrontar las pruebas venideras.
El pasado está en constante construcción
Debido a que el amor puede proyectarse en las tres dimensiones del tiempo – el presente, el pasado y el futuro – no hay nada estático; estamos en movimiento constante, y el pasado, por sorprendente que parezca, está también en movimiento.
Todos tenemos la posibilidad de ser esa ostra perlera
Lo que hace fuerte a un ser humano es su capacidad para proyectar su amor. En sí mismo, para ser grande, hay que ser capaz de hacer crecer el amor y proyectarlo tanto como sea posible. Las personas que han marcado duraderamente su época con su huella espiritual son quizás aquellas que lograron proyectar ese amor acumulado o atesorado a través de un ejercicio retrospectivo – aquel que impregna los recuerdos recogidos por el tiempo. Somos seres de luz en devenir, y el pasado puede convertirse en esa perla nacarada mediante el amor animado por la necesidad de hacer las paces con lo que hemos sido o hecho. La vida es un camino que puede recorrerse varias veces. Como se mencionó al principio, un momento presente puede vivirse miles de veces según haya sido o no una fuente de emociones fuertes, ya sean buenas o malas. Cuanto más recorremos el camino hacia atrás para verter amor en él, más radiante se vuelve el camino que tenemos por delante.
El pasado no debe ser su callejón sin salida
La mejor manera de avanzar es llegar a hacer las paces con el pasado para que se convierta en los cimientos sólidos del presente, y este a su vez en el trampolín para un futuro floreciente. Si sientes emociones tortuosas cuando piensas en ciertos períodos de tu vida, en realidad tienes un material precioso para crear las perlas de tu sabiduría. Ahora solo tienes que extraer de tu corazón y de tu alma para transformar estos dolores en pepitas de saber, estas frustraciones en fe, esta tristeza en confianza y esta carga en carro alado.
Los pequeños pasos que conducen al despertar
El despertar no es ni más ni menos que un acercamiento a la verdad. Para progresar en el camino del autoconocimiento, hay que iluminar el camino con la luz que son el perdón, la benevolencia y el amor. Estar en el despertar no es ni más ni menos que la consecuencia de haber borrado la ignorancia en la que uno estaba inmerso. Para sacar la cabeza de esta agua turbia, es necesario combatir la oscuridad con todo lo que pueda evocar la luz, porque nadie más puede hacerlo por ti. Para poder poner en marcha esta dinámica, hay que encender cada día ese “fuego”, especialmente mediante la oración. Dado que el mundo está gobernado en gran medida por el intelecto, olvidamos los poderes del corazón y los beneficios que la oración puede aportar a la transformación de nuestra existencia. Para iniciar un cambio, conviene poner en marcha esa máquina que es el corazón. Mediante la oración, por pequeña que sea, podrás desencadenar una nueva dinámica que tendrá un efecto dominó a largo plazo.
La sabiduría recogida o adquirida permite comprender de manera retrospectiva
Parte de los conflictos que no supimos evitar son fruto de una falta de conocimientos, o dicho de otro modo, de la ignorancia. No es hasta más tarde cuando aprendemos que nuestro comportamiento no estaba justificado y que estábamos equivocados. Aprender de los propios errores es lento y doloroso, pero a veces es la única manera de aprender.
Leyes universales que la experiencia confirma
Ciertas sabidurías populares tienen dificultades para hacerse oír por el gran público. Todo el mundo ha oído al menos una vez que no es bueno enfadarse. Algunas culturas están construidas en torno a esta prohibición (por ejemplo, ciertas culturas asiáticas). Sin embargo, en la práctica, si miramos a nuestro alrededor, muchos ceden fácilmente a la ira. Ahora bien, la experiencia nos muestra que la ira suele ser motivo de arrepentimiento, aunque hay casos en los que se recomienda, por ejemplo, cuando la supervivencia está en juego. La ira puede ser una aliada valiosa para mostrar la falta de miedo o para movilizar todas las fuerzas para hacer frente a un peligro. La experiencia demuestra que la ira generalmente no hace sino envenenar las cosas en la mayoría de los casos. Estamos lejos de vivir en la época del Paleolítico, cuando había que mostrar que no se tenía miedo ante las bestias salvajes. Hoy en día, se puede decir que las normas sociales nos exigen ser razonables y de buena fe, lo que generalmente permite resolver posibles conflictos o malentendidos. El recurso sistemático a la fuerza a través del prisma de la ira expone nuestra voluntad de dominación, a menudo injusta, que desgraciadamente sigue siendo tolerada en algunas sociedades. Incluso si el individuo puede salir ganando, este recurso sistemático delata una debilidad de carácter y una falta de inteligencia. La ira solo debería utilizarse como último recurso, cuando todos los medios diplomáticos se hayan agotado y cuando se presente un peligro inminente.
La sabiduría como luz permanente
¿Por qué es la luz el símbolo de la espiritualidad? Porque ilumina y disipa la oscuridad, que es a su vez símbolo de ignorancia y de los tormentos que atraviesan el alma humana. Es solo a través de este medio como podemos vencer a nuestra naturaleza inferior, y esto implica un trabajo diario y una búsqueda de un saber esotérico. Esto implica necesariamente descuidar durante un período ciertos aspectos de la vida para lograr un cierto grado de éxito y de profundización. Aquel o aquella que decide ir hacia una profundización de su naturaleza divina debe dejar en un segundo plano ciertas búsquedas materiales o hedonistas. La luz debe perseguirse sin interferencias y con una auténtica concentración sostenida, como en todas las vocaciones humanas.





