Según su etimología griega, la estrategia (derivada de στρατός, stratós (“ejército”) y ἄγω, ágô (“dirigir”)) se refiere al arte de preparar, dirigir las operaciones generales de una guerra, mientras que la táctica (τάσσω, tássô (‘ordenar, poner en filas’), formalmente derivada de τακτός, taktós (‘ordenado’) con el sufijo -ικός, -ikós. ) se refiere al arte de disponer las tropas en el campo, de emplearlas en la batalla.
La estrategia consiste en cómo ganar la guerra. La táctica consiste en ganar batallas. Una estrategia ganadora puede implicar varias tácticas que resulten perdedoras. Es como navegar por el agua y fijar un destino y un rumbo. Cuando el tiempo cambia, hay que tomar un rumbo diferente que aproveche mejor la dirección del viento o del oleaje. Sin embargo, su objetivo final no ha cambiado.
En el ámbito personal o profesional, pensar como un estratega significa tratar de hacer planes para lograr un objetivo importante, como por ejemplo: ¿Cómo puedo tener una relación satisfactoria? ¿Cómo tener éxito con mi negocio o carrera? ¿Cómo criar hijos felices? etc.
La táctica consistirá en intentar acciones concretas para contribuir en parte al objetivo mayor, es decir, ganar pequeñas batallas para ganar la guerra. Si se plantea la pregunta estratégica de cómo aumentar el número de clientes, puede poner en práctica diferentes tácticas y ver cuáles son los efectos. Una táctica que cambia tras un fracaso se denomina pivotar en la jerga de las empresas emergentes. Esencialmente, la táctica está orientada a la acción y la estrategia es reflexiva, ambas son necesarias para el éxito, pero su proporción cambia a medida que un proyecto avanza o cuando sale a la luz nueva información.
Por lo tanto, es más que necesario saber hacer malabarismos entre la mente de un estratega y la de un táctico. Los mejores generales del pasado o los empresarios de hoy saben combinar ambas cosas.
En resumen, debes actuar como un hombre de pensamiento y pensar como un hombre de acción.Henri Bergson
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