Nuestra vida cotidiana está hecha de ideales y decepciones. Nos decepcionamos porque no somos capaces de mantener el rumbo que nos hemos marcado o simplemente porque nuestros actos no se corresponden con lo que decimos. Este sentimiento es desagradable, pero es necesario para progresar. La soledad que se extiende por el contexto actual hace que nos obsesionemos un poco con nosotros mismos y volvamos a las mismas ideas.
Para evitar el escollo del estancamiento y la vaguedad en la que podemos sumergirnos sin saberlo, es aconsejable de vez en cuando durante el día mirarnos desde un punto de vista externo.
Imagina que te miras a ti mismo desde un lugar distinto al tuyo, ¿qué ves? ¿Está satisfecho o insatisfecho con la imagen que está viendo? Esta observación debería ayudarte a crear un impulso hacia el camino correcto. Cuando te duplicas por unos momentos, te conviertes en tu propio entrenador, puedes susurrarte al oído consejos o instrucciones que puedes poner en práctica inmediatamente. A menudo, lo que nos falta en la soledad es un referente que nos sirva de guía y nos obligue a asumir alguna responsabilidad. Haz este ejercicio todos los días. Ponga sus acciones en perspectiva con los ideales que defiende o en los que cree. Actúa de forma que te sientas orgulloso de lo que ves cuando realizas estas extrospecciones. Comprueba cómo esta técnica mejora tu satisfacción y te acerca a la persona a la que aspiras.
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