Imagina que te teletransportas instantáneamente al cielo. ¿Cómo lo sabes? ¿Sentiría una sensación de paz y calma serena? Puede que se sienta abrumado por la belleza y la pureza del lugar. No cabe duda de que existe un vínculo entre el entorno y la sensación de bienestar. Sin embargo, ¿podrías realmente saborear este momento de paz como tal, si tu mente estuviera acaparada por todo tipo de pensamientos? Probablemente no.
Existe una relación mutua entre el interior y el exterior. Esta influencia es recíproca. Si no estás sereno, te resultará difícil recrear un ambiente de paz a tu alrededor.
Por eso es más que esencial hacer nuestra parte en esta relación. Cultivar la serenidad es una tarea diaria y semanal. Lo ideal es encontrar un momento al día y un día a la semana para trabajar en la recreación de la serenidad en tu mente. No es ni mucho menos una inversión superflua. ¡Cuántos problemas, compras inútiles, peleas vanas se evitarían si supiéramos encontrar la paz en nosotros mismos!
Cuando conseguimos dispersar la agitación, todo se vuelve más claro y la belleza se nos presenta como algo natural. El paraíso está al alcance de nuestra mano, sólo tenemos que dedicar un mínimo de tiempo a despejar nuestra mente y entonces podremos ver el paraíso que siempre ha estado ahí ante nuestros ojos.
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