El mundo nunca ha estado tan solo. Los habitantes de los países llamados “desarrollados” viven en cajas y pasan la mayor parte del tiempo frente a pantallas para olvidar su soledad. La soledad es un mal que corroe a la sociedad, pero también una tremenda oportunidad para las empresas que han decidido monetizarla.
No hay duda de que los humanos somos animales sociales, como los cerdos, las gallinas o los perros.
Las empresas de la industria tecnológica no quieren que te sientas menos solo, sólo quieren que olvides que lo estás. Así que crean un sistema en el que estás constantemente distraído, estimulado, apartado de la realidad. Y funciona. Te olvidas de que te vas a la cama solo después de ver 2 horas de vídeo en Youtube. Acabas viviendo en una hiperrealidad que te impide distinguir lo real de lo falso. Las cosas se mezclan y no puedes precisar realmente quién eres o qué haces. Pasa el tiempo y te hundes aún más en los meandros de esta existencia solitaria.
Existe la verdadera y la falsa soledad. Está la soledad que nos permite crecer y ser mejores y está la soledad que sufrimos sin afrontarla.
Si aprovechas tu soledad y la vives plenamente, te volverás más sabio y resistente. Por el contrario, si huyes de tu soledad con subterfugios, no mejorarás, te hundirás en una realidad paralela de la que cada vez será más difícil salir. Las empresas comerciales necesitan que las necesites. Te ofrecen el consuelo de la dopamina a través de las aplicaciones que ponen a tu disposición. Te venden servicios que te permiten olvidar tu soledad.
El sabio es el que consigue amar la soledad que se le impone. Todos los grandes maestros espirituales utilizaron la soledad para desarrollar su poder espiritual. Vivimos en una época poco espiritual, por lo que la soledad está desacreditada y se convierte en una mercancía.
De forma natural, nos sentimos ansiosos cuando estamos solos. Como especie social, el Homo Sapiens ha condicionado su supervivencia a la pertenencia a un grupo. Desde tiempos inmemoriales, la soledad significaba la muerte y la imposibilidad de reproducirse. Este miedo sigue profundamente arraigado en nosotros, pero puede domesticarse.
Si tienes una mirada iluminada, puedes ver la soledad como un trampolín hacia otro yo más espiritual. La soledad es una prueba que, si se supera, puede ayudarte a desarrollar tu yo cósmico. El problema es que la mayoría de las veces no vemos la soledad como una oportunidad.
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